Skip to content

Pascale Warda, exministra iraquí: “Europa debe acoger a los refugiados, pero sabiendo quién es quién”

Exministra iraquí para los Refugiados, víctima de atentados, activista e hija de un clan perseguido y exiliado, Warda advierte a Europa: “No penséis que estáis a salvo. Vuestra paz es fácil de romper. El Estado Islámico no es sólo un problema sirio o iraquí”.

—España ha acogido hasta la fecha 18 refugiados…

—La pregunta que sigue queda en el aire, porque la entrevistada interrumpe, entre el estupor y la incredulidad:

—¿18 refugiados? ¿18? ¿Quieres decir 80?

—No, 18.

—¿Y hay familias?

Pascale Warda (1961, Daouida, Irak), la mujer que aún no sale del estupor por el número de desplazados acogidos hasta la fecha por España de entre los llegados a través de Turquía, Grecia e Italia, sabe bien todo lo que hay detrás de la palabra refugiado. También de los términos exilio y genocidio. Lo sabe bien, en carne propia, como cristiana asiria en Irak exiliada en su día a Francia; como miembro de una familia que huyó de los ataques químicos con los que el régimen de Sadam Husein quiso acabar con las minorías; como hija, hermana, prima, de un clan -18 personas, precisamente 18- que cruzó a finales de los años ochenta, a pie, la frontera de Turquía para entrar en un campo de refugiados y llegar a Grecia; como exministra de Inmigración y Refugiados en el tumultuoso Gobierno de transición tras la caída del dictador (ella sufrió cinco ataques, en uno de ellos, murieron sus cuatro guardaespaldas); como presidenta de una ONG, Hammurabi, dedicada a intentar que los desplazados no pierdan sus raíces. Lo sabe bien, y quizá por eso su postura sobre este tema, esbozada en una entrevista con este periódico con motivo de la presentación de su biografía, Una rosa en Irak (ediciones Teconté), es contundente. Radical: “Europa está obligada a acoger a los que realmente son refugiados, pero sabiendo muy bien quién es quién. No a los terroristas ni a quienes utilizan el derecho al asilo con otros propósitos. Los Gobiernos tienen la responsabilidad de usar la tecnología y todos los medios para examinar caso por caso”. La sospecha, la suya y una vieja polémica en España, es que el Estado Islámico está infiltrando a sus miembros entre quienes vienen huyendo aterrorizados, precisamente, del ISIS.

Warda no habla de ISIS, sino, siempre, de “dark Daesh”. Esto es, el oscuro Estado Islámico (Daesh es, además, la denominación que repudian los terroristas). El maligno Estado Islámico. Porque ella conoce también lo tenebroso del ISIS. En 2014, año en el que el Estado Islámico se asentó en Irak -que, por otra parte, es su origen-, ocupando una tercera parte del territorio, se registraron 2,2 millones de desplazados en el país. Hoy, se calcula en 3,7 millones su número. Huyen del horror sanguinario de un grupo terrorista que, según Warda, “coge algunos versos que están en el Corán y los pone en práctica. Digamos que lo aplica en parte. Podría escoger los mejores pasajes, pero no”. Bajo su dominio, las “mujeres, los niños, los cristianos, no son más que esclavos”. Pero para Warda, el Estado Islámico no es un problema iraquí o sirio. No sólo. También español. Y europeo, y estadounidense. Lo es, para Warda, en dos sentidos. “Primero, porque está creado internacionalmente. Hay miembros del Daesh que salen de España, de Francia…, entrenados aquí y allí, y que se han estado moviendo con mucha facilidad”, sostiene. “No digáis ‘estamos a salvo’. Ciudadanos vuestros, que han viajado [a Irak y Siria] a luchar en las filas del Daesh, están regresando. No todos morirán allí y volverán”, añade.

Segundo, el ISIS es un problema europeo por “políticos que no son conscientes del peligro que representa ni de que el derecho de asilo es para aquellos que están en peligro. No pueden acoger a todo el que se presenta en sus fronteras, o pueden hacerlo, pero después de saber quién es quién. Yo sé, y de una forma muy directa, que centenares de miembros del ISIS se han introducido entre quienes piden asilo provenientes de Siria e Irak, y ellos no vienen a ser buenos ciudadanos, sino a cometer actos como los de Bruselas París“. Con la misma contundencia con la que sostiene esta sospecha, Warda defiende el derecho al asilo para quien realmente lo merece, y critica también la visión europea del problema de los refugiados: ”Si sólo pensamos en lo económico perderemos la humanidad, la moral y todos nuestros valores”, señalaba también en la presentación del libro.

Su historia personal y familiar le ha llevado a tener una particular visión de cómo se debe ayudar a los refugiados: anidando en ellos la idea de que vuelvan a su tierra. Aunque pertenezcan, como ella, a una minoría perseguida: Warda tenía sólo cuatro meses cuando las 82 casas de su pueblo fueron destruidas. Esta semana, en Madrid, aún se emociona recordando cómo su familia huyó del genocidio conocido como Anfal. Su pueblo, como tantos otros, fue de nuevo arrasado, y 18 miembros de su familia huyeron hacia Turquía. Uno de sus hermanos contaba sólo 6 años. Ella, que a sus 27 años estudiaba en Francia, viajó sola hasta Diyarbakir, después de pasar dos meses sin ninguna noticia. “Sentía que estaban vivos”. Y lo estaban: el arzobispo de Estambul le dijo que tenía una lista de nombres, las de los supervivientes de la huida, que alguien, en el campo de refugiados, entregó a una enfermera. Estaba escrito en árabe, y aún no la habían traducido. “Me la enseñó, y allí estaba el nombre de mi familia. Aún conservo esa lista”, dice. Sucedió en 1988, pero podría ser una crónica actual.

El viaje de los suyos continuó hasta Grecia, y sólo lograron el visado hasta Francia gracias a la mediación de Danielle Mitterrand, para quien Warda sirvió de traductora en su campo. Su padre, en aquel periplo, tenía un empeño: no decir adiós para siempre a la tierra de sus antepasados. Es lo mismo que siente ella, que permanece en Irak sin sus hijas, y lo que intenta respecto a los desplazados desde la ONG que preside: “Por supuesto, tienen que proteger tu vida y huir si es necesario. Yo no les digo simplemente ‘quedaos’. Cada uno es responsable de sus decisiones. Pero sí que no piensen que Europa va a resolver todos sus problemas. Les digo que mientras sea posible, es mejor que se queden en su país. Recibirán más ayuda humanitaria y, cuando sus pueblos sean liberados, podrán volver. Lo que hay que hacer es mejorar las condiciones de vida en los campos de refugiados en Irak”, afirma. Preguntada por el caso de Erbil, población que siente la sombra de ese dark ISIS a pocos kilómetros, responde: “Si se mantiene la seguridad, deben quedarse. Si entrase el Estado Islámico toda esa gente podría morir. Es una gran responsabilidad. Pero Barack Obama ha dicho que Erbil es la línea roja”.

Para Warda, el problema del ISIS se solucionaría “en una tarde, si Occidente quisiera eliminarlo”. No con drones, o no sólo, sino con tropas internacionales que pongan sus botas en tierra iraquí: “Sólo con un ejército habrá un intento real de echar a esa gente”, señala. La exministra iraquí asegura que el ejército y las milicias de su país dejaron a la población ”en manos de los terroristas”, y pide una fuerza internacional que trabaje con él: “Nada se consigue con las milicias, que sólo protegen a los suyos. Los kurdos protegen a los kurdos, y los cristianos no tienen a nadie”.

Warda describe Irak como un país “hambriento y enfadado”, de eternas venganzas, y que “sigue en guerra desde la caída de Sadam Hussein”. Ella fue miembro de aquel primer gobierno de transición a la democracia que reinstauró la pena de muerte horas antes de que el dictador compareciera ante el tribunal que lo condenó a morir. Hussein murió en la horca, pero (casi) todo sigue igual. O peor, según ella, en cuanto a las necesidades de la población. Warda habla de “caos político”. Hussein no está, pero “la mentalidad de los suyos, sí. Cada grupo tiene la misma idea dictatorial que tenía el régimen. La de ’cállate o te mataremos’. Esa es la mentalidad de los políticos, aun ahora”, sostiene. Incluso hoy, y desde Madrid, esta mujer que sufrió en su cargo hasta cinco intentos de asesinato, pide que se suavicen sus declaraciones sobre temas espinosos en plena entrevista: “Yo no lo escribiría así… Estaría en peligro”, pide en un momento dado. Sobre los avances de la democracia en este sentido, explica: “Con Hussein había sólo una voz. Ahora hablo, escribo…. Es cierto que puedo morir en cualquier momento, pero se puede hablar”. ¿Por qué no tirar la toalla? “La tentación está ahí cada día. Pero hay personas que quieren seguir viviendo en sus casas, con dignidad, y yo siento que tengo que estar ahí con ellos”.

Publicado en VP el 15 de mayo de 2016

La PAH se parte en dos en Madrid entre acusaciones de servilismo político pro Carmena

“No quieren que se ataque a un Ayuntamiento amigo”, dice una parte. “Tienen miembros que fueron del PSOE, del PC… y cobran a los afectados”, aseguran en la otra. La PAH de Madrid se desangra segada en dos.

Busquen PAH Madrid en Twitter. Encontrarán dos cuentas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Madrid. Son muy similares, salvo por dos detalles. Una, la más antigua, enlaza a la web de siempre de la asociación y especifica su localización, en la calle Francisco Silvela de la capital. La otra añade un “Oficial” a su nombre, y sitúa la sede en San Cosme y San Damián. Son diferencias mínimas, tras las que se esconde el hecho de que la PAH se desangra dividida en dos. Es la nueva realidad del movimiento en el que, en su día, participó tan activamente la hoy alcaldesa de Barcelona, Ada Colau: una misma -en teoría- lucha y dos sectores irreconciliables, al menos (o por ahora) en Madrid. Ambos mantienen el nombre, y mientras el primero (el de Francisco Silvela) tiene la legitimidad de figurar en el registro de asociaciones, el otro tiene la de la Coordinadora de Vivienda de Madrid, que ha expulsado a los primeros del movimiento.

La referencia a Colau no es baladí, porque los ”expulsados” aseguran que detrás de los motivos esgrimidos para echarlos está, en realidad, acallar cualquier crítica a los nuevos ayuntamientos cercanos al movimiento, como el de Barcelona o Madrid tras la llegada a la alcaldía de Colau y Manuela Carmena. “Algunas personas han aprovechado la PAH para sacar alcaldías o sentarse en el Congreso. Esto ha empezado en Madrid, pero es un problema estatal”, sostiene Luis Chamarro, presidente de la PAH que reúne cada viernes unas cien personas en la calle Francisco Silvela, con unos 1.200 casos abiertos en total, según dicen. “El problema de fondo es que no querían que tocáramos el Gobierno de Carmena”, afirma. Esta PAH ha sido muy combativa con la Oficina de Intermediación Hipotecaria, constituida por el Gobierno de Ahora Madrid “para lograr el acuerdo de Gobierno con el PSOE”, según Chamarro, y en la que están presentes los notarios, para ellos parte implicada en el problema de la vivienda. “Para nosotros es dramático. A la propia Carmena le dije yo un día: ‘La traición es lo que duele, que lo hayan hecho ustedes’”.

[Pinche aquí para consultar el documento de la PAH (San Cosme y San Damián) sobre la expulsión]

“Querían hacernos callar. Que no tuviéramos voz propia, que no habláramos de temas que alteraran la ‘paz’ municipal”, continúa Chamarro. Desde el otro lado, la sede de la PAH ‘oficial’ de San Cosme y San Damián (unos 200 afectados, señalan), se defienden. Y atacan. Marga Rivas niega la mayor: “Se han autoexcluido. Llevábamos un año intentando que rotaran los cargos de la asociación [presidida por Chamarro] y se están saltando los principios básicos de las PAH, como la gratuidad o el apartidismo. Es público que entre sus filas hay un constructor que fue en listas del PSOE, un miembro del Partido Comunista, una vocal… Aquí somos afectados”, señala, subrayando que esta misma semana ellos también han emitido un comunicado contra el Ayuntamiento de Madrid por el polémico Reglamento de Vivienda: “Hasta ahora en la Coordinadora hemos intentado siempre negociar, tanto con el Ayuntamiento (Ahora Madrid) como con la Comunidad (PP). Pero nos están toreando. En el reglamento han echado todas nuestras alegaciones por tierra”.

Acusaciones de mercantilismo y ‘golpe de Estado’

El de afectados vs activistas o militantes es un argumento utilizado por ambas partes. En San Cosme y San Damián, sin embargo, esgrimen un añadido: “En Francisco Silvela se está cobrando a los afectados. Algunos nos lo han contado, y tenemos además el testimonio de uno de sus miembros, que dijo, delante de mí y de otras personas, que él gratis no hace nada. Y en un acompañamiento a un banco, a un compañero le dijo: ‘No seas tonto, coge el dinero, que yo cobro’”, según sostiene Rivas. “Les interesa seguir captando afectados para continuar con su negocio. Por eso tienen secuestrada la página web, el correo, la cuenta corriente…”, añade.

[Pinche aquí para consultar el documento de la PAH (Francisco Silvela) al respecto de su expulsión]

Este periódico ha intentado ponerse en contacto con la persona aludida, sin resultado antes del cierre del reportaje. A falta de su testimonio, está, entre otros, el de Olga, que lleva poco más de un año con la ayuda de la PAH, ahora desde Francisco Silvela: “Nunca han intentado cobrarme, ni lo he oído en ningún caso. Y si hubiera cosas raras las denunciaría, porque no tengo nada que ocultar”. ”No se cobra jamás”, recalca María -también de este sector, y perteneciente a la PAH casi desde su inicio, en 2011-. Y añade: “¿Qué pasa, que ahora hemos cambiado nuestra lucha y unos ayuntamientos son más amigos que otros? Ha habido una especie de ‘golpe de Estado’”.

La situación actual se resume bien en una frase de María: “En el Ayuntamiento, cuando intento hablar con ellos, me dicen que ya han hablado con la PAH. ¿Pero con qué PAH?”. Y una sensación, esta sí, compartida por ambas partes: la tristeza. “Es lamentable. Lo que hay detrás es acabar con un movimiento que ha logrado dar en el corazón del sistema”, asegura Feli Velázquez, de la PAH de Francisco Silvela. Es necesario aclarar que el nombre de su compañera María no es real: al poco de la entrevista, pide que no se cite, y explica: “Hay mucha amistad con unos y con otros. No quiero estar implicada en esta guerra. No puedo aguantar”.

Publicado en VP el 24 de abril de 2016

Panamá ya tiene quien le escriba: la faceta literaria de Fonseca (el del despacho Mossack-Fonseca)

Ramón Fonseca Mora, uno de los socios del despacho que está en el centro de los ‘Papeles de Panamá’, tiene una faceta literaria. A España ha llegado una de sus obras, la juvenil ‘Ojitos de ángel’.

Ramón Fonseca, en el canal panameño TVN-2 Foto: TVN-2

Ramón Fonseca, en el canal panameño TVN-2 Foto: TVN-2

Fonseca es algo más que uno de los dos socios del despacho panameño Mossack Fonseca que ha copado portadas esta semana. No es sólo el hombre detrás de la firma que ha creado durante décadas sociedades offshore con las que autoridades, artistas, deportistas y políticos de medio mundo han intentado, presuntamente, eludir sus obligaciones fiscales o lavar dinero. No es sólo uno de los personajes en el centro del último escándalo mundial, el de los Papeles de Panamá, los ‘Panama Papers’, que surgió hace un año de una llamada al Süddeutsche Zeitung (SZ), que pasó por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación y ha salpicado a un ya ex primer ministro islandés, al padre del primer ministro británico, al presidente ruso, a la hermana de nuestro Rey Emérito, a los Le Pen, a Messi, a los Almodóvar y a tantos y tantos otros. Tampoco es sólo el amigo y exministro del presidente panameño que, con la filtración, puede hacer tambalearse al Gobierno de Varela. O el que ha hecho reaccionar a Cristóbal Montoro. O el que aglutina entre sus papeles algunas de las tramas de corrupción españolas. No. Ramón Fonseca Mora es además un hombre de letras, con seis novelas, una obra de cuentos y otra de teatro a sus espaldas.

“El viejo abre los ojos lentamente. No recuerda nada”. Así arranca su obra Ojitos de ángel -publicada en España por Alfaguara en su serie Roja de literatura juvenil, en 2010-, que aún puede encontrarse en las librerías de este país. Y en las bibliotecas públicas. Allí está, en las secciones de infantil-juvenil, un poco más allá de las aventuras del Capitán calzoncillos y los cuentos de Roald Dahl. En la portada, una mano infantil sostiene una mariposa. En la contra, el resumen: “Un conmovedor relato sobre la vida y la muerte, el amor y la amistad”. Todo muy inocente.

Fonseca es un literato que quizá no pretenda redimirse a través de la literatura -no puede redimirse quien no se siente culpable, y Fonseca declaraba esta semana en una entrevista a Reuters: “No vamos a ser culpados de nada”-, pero lo cierto es que, al menos en la única de sus obras que ha llegado a España, sí redime a sus personajes. El protagonista de Ojitos de ángel es un hombre con mucho dinero, mucho poder y dedicado a negocios turbios. Dicho así, podría recordar vagamente a alguien. Pero, por ser justos, añadamos que es un corrupto y corruptor de políticos, que su negocio trata de promociones inmobiliarias, que es clasista, racista, falso hasta en la sonrisa, mujeriego y estafador de pobres. La niña de los ojitos es, como reza el título, un ángel. Esto es: la buena es muy buena; el malo, muy malo. Como en una novela de Dickens. O no tanto, porque a Fonseca se le adivina cierta simpatía por su hombre de los negocios turbios, un tal Julio Vargas, y enseguida le saca el corazoncito que todo corrupto debe de tener dentro.

Tras un accidente, Vargas se ve recluido en un hospital “para pobres”, un centro “de cuarta categoría” en el que tiene de compañera de habitación a una niña, Mechi, raquítica y -aún peor- morena y pobre. A Vargas se le hacen reales, como a mister Scrooge, todos sus demonios en la cama de ese hospital. Nadie va a verle, ni su esposa ni su amante ni su hijo. Sólo ha aparecido su abogado para resolver los papeles. Su compañera de habitación y las visitas de sus familiares, pobres, le molestan. No sabe qué ha pasado con un maletín con documentos comprometedores. Ansía beber. Ansía ir a un hospital de los que él puede pagar. “Él, que lo tiene todo, en el fondo no tiene nada”, piensa. Y encima esa niña le importuna con su ternura. Aún más cuando -ojo, que va spoiler- descubre que la pequeña de los ojitos está condenada a morir.

El desenlace es fácil de adivinar: el viejo descubre que lo importante de la vida es lo que ha dejado a un lado por sus negocios, sus amantes (mujeres a las que basta con “comprar un apartamento. Darles dinero”), su deportivo y su dinero. Eso entre odas a la dignidad de los pobres, a los hospitales para pobres y al vino tinto español (Rioja, a poder ser, “denso y seco”), y cargas (sin embargo) contra el hábito de beber, los abogados, las falsas amistades y, en general, la podredumbre que genera el dinero. Lo de los abogados tiene su miga, porque Fonseca es uno de ellos: “Tú nunca vendrías por estos tugurios, a menos que encontraras por aquí a un cliente con un buen fajo de billetes”, le espeta Vargas al suyo.

También hay figuras literarias, digamos, no muy arriesgadas (“frías como el acero”) y la costumbre de enmarcar las frases entre exclamaciones e interrogaciones al tiempo, por si el lector no se había dado cuenta de que Vargas está enfadado. Poco más. Quizá porque Fonseca no es Dickens, se dedica a otras cosas, como las sociedades offshore, aunque atesora dos premios nacionales de la literatura panameña. Sus obras, sus críticas y hasta juegos sobre sus novelas pueden encontrarse en su web, dedicada a esta otra faceta del socio panameño de Mossack Fonseca.

Publicado en VP el 10 de abril de 2016

El drama de la miseria: cada 20 días muere un ’sin hogar’ por agresiones

La calle mata. En España, cada seis días muere una persona sin hogar, un 27% de ellas, víctima de una agresión.


A Pepe, en Madrid, le prendieron fuego. A Manuel, en Sevilla, le tiraron piedras. A otro Manuel, éste en Córdoba, le pegaron con porras. Todos ellos han escuchado insultos. Todos han sido humillados. Todos saben lo que es el desprecio y el odio al pobre y también que lo sucedido la semana pasada en la Plaza Mayor de Madrid, cuando unos hinchas del PSV ultrajaron a varias mujeres que pedían dinero en la calle, no es una anécdota. El ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, corroboraba en la presentación de la primera Estrategia Integral para Personas Sin Hogar datos publicados por el Centro Assís: cada cinco o seis días, en España, muere una persona sin hogar en la calle, y cada 20, como consecuencia de una agresión. Basta preguntar a Manuel, a Pepe o a cualquier otra persona que viva en la calle cuál es su mayor problema. La respuesta se repite: el miedo.

Es más, el comportamiento de los hinchas dista de ser una anécdota también por su perfil: eran jóvenes y estaban de fiesta. Tanto que el Observatorio Hatento -de Rais Fundación, entre otras organizaciones-, que estudia las agresiones a los sin hogar, ha rebautizado los delitos de odio como “delitos de ocio”. Según los datos de su último informe, basado en entrevistas a ’sin techo’, un 47,1% ha sufrido un delito o incidente de aporofobia, el odio al pobre (en un 81%, más de una vez), de insultos a agresiones, y el perfil de agresores mayoritario, con un 28,4% de los casos, es el de jóvenes, mayoritariamente varones. En un 60% de los casos, las agresiones son físicas. En un 40%, se ‘contentan’ con insultos y tratos vejatorios. Los episodios se suceden: en febrero, en Madrid, dos jóvenes prendieron fuego a una persona. Pocos días antes, fue un grupo de menores el que agredió a un ’sin techo’ en Baleares. En enero, en Zaragoza, un hombre apareció asesinado en la calle y se detuvo a un joven.

El patrón de las agresiones se repite. A las dos o tres de la mañana, un grupo de jóvenes sale de un garito. Un hombre duerme en un parque, en un cajero, en un banco de la calle. Pasan a su lado y, “de repente, esa persona deja de serlo para ellos. Lo convierten en un objeto más de su tiempo de ocio, un objeto con el que divertirse”, según explica Maribel Ramos, coordinadora de Hatento. Llegan los insultos. A veces le orinan encima. Otras (o las mismas) le pegan. Siempre hay risas, como las que se oyeron en la Plaza Mayor.

En algunos casos (7%) las víctimas relacionan a los agresores con ideologías neonazi. Pero no siempre, ni mucho menos, es así. Los ’sin techo’ son, como señala Ramos, un juguete más de la juerga entre jóvenes que a menudo no lucen esvásticas. Y esto, a la hora de perseguir el delito, puede convertirse en un problema. Primero, porque fácilmente escapa a los datos de delitos de odio que ya recopila el ministerio de Interior (la aporofobia aún no se cuenta como agravante en el Código Penal). Segundo, porque a pesar del esfuerzo por ’sensibilizar’ a los primeros que intervienen, los cuerpos de seguridad, estos no identifican las situaciones de violencia como tales. Es común culpabilizar al ’sin techo’ (“se piensa que algo habrá hecho para estar así”, describe con claridad Ramos), y por tanto ver las agresiones como reyertas en las que al agredido no se le considera víctima. Tras lo ocurrido en la Plaza Mayor, el Observatorio Hatento cuestionó la inexistente actuación policial: “Nos preguntamos en qué medida la intervención hubiera sido la misma si en lugar de mujeres en situación de exclusión social, las víctimas no hubieran pertenecido a un perfil de exclusión tan extremo”.

En España, según el INE, hay 22.938 personas sin hogar (aunque organizaciones como Cáritas los elevan a un mínimo de 30.000), de los que un 50,6% se ha sentido discriminado y un 51% ha sido víctima de un delito. El dato no es fortuito: “Vivir en la calle lleva asociado sí o sí sufrir ese tipo de hechos”, dice Ramos. Como ratificaba Alonso, cada seis días muere un ’sin techo’, a consecuencia del deterioro que produce la calle o de agresiones, en un tercio de los casos. De hecho, la esperanza de vida de los ’sin techo’ es 20 años menor que la de la población general. Como resume Ramos: “La calle mata”.

Publicado en VP el 25 de marzo de 2016

¿Benidorm Patrimonio de la Humanidad? “Es como la Coca-Cola de dos litros”

Sociólogo y Premio Nacional de Medio Ambiente, Mario Gaviria es el impulsor de la candidatura. Benidorm es, para él, resumen del Estado del Bienestar y la urbe “más ecológica del Mediterráneo”

Una broma. La última ocurrencia estrambótica en periodo electoral. Una locura. La candidatura de Benidorm a la lista de bienes Patrimonio de la Humanidad, en las categorías de Bien Cultural y Natural, hecha pública esta semana, ha sido criticada y parodiada. Las imágenes que desde el NODO y las películas del destape hasta ahora nos han llegado de la localidad alicantina que reinventó en 1956 el alcalde Pedro Zaragoza no ayudan mucho a tomársela en serio. Concentraciones de turistas añosos tostándose al sol, un punto más allá del negro que siempre luce Eduardo Zaplana -uno de sus insignes alcaldes-, olas de rascacielos proyectando sus sombras sobre la arena de las playas, británicos en chanclas tomando fritanga y cervezas a mansalva, Manolo Escobar a todo trapo… Eso, todo el año. Para muchos, el infierno en la Tierra. Para otros, el paraíso. Terrenal y de clase media, sin duda, pero paraíso.

El autor de la ‘ocurrencia’, el sociólogo y, agárrense, pionero del ecologismo y de la lucha antinuclear Mario Gaviria, Premio Nacional de Medio Ambiente en 2005, profesor en su día en universidades españolas y estadounidenses, asesor del ayuntamiento de Benidorm desde que llegó, hace cuatro décadas, con una beca de la Fundación Juan March y autor de varios estudios sobre esta ciudad, se cuenta entre los segundos. Y defiende, consciente de ir a contracorriente, las ‘virtudes’ de la ‘Nueva York del Mediterráneo’ y la candidatura que ha presentado para que Benidorm “siga siendo como es. Para que no se la carguen”. ¿Y qué virtudes debería proteger la Unesco? Según él, en lo medioambiental, la construcción en vertical, más respetuosa con el entorno (“es la ciudad más ecológica del Mediterráneo”, dice), y, en lo cultural, la de ser el epítome de la Europa del Bienestar y sus vacaciones (pagadas) para todos…:

PREGUNTA. ¿Es consciente de que su propuesta suena a broma?

RESPUESTA. Sí. Le voy a contar una anécdota. Una vez que volvíamos a Madrid, mi yerno, un gran ingeniero, le dijo a un vecino: “Venimos de Alicante”. No quiso decir que llegábamos de Benidorm. Y es que entre cierta gente esto es una cosa cutre. El símbolo aquí es Manolo Escobar. Y Belén Esteban. El elegante se toma la Coca-Cola en copa, con hielos, light y sin cafeína, y el pueblo se la toma en botellas de dos litros. Benidorm es como la Coca-Cola de dos litros (ríe).

P. Defiéndame Benidorm.

R. Su plan del suelo lo hizo el mejor urbanista del siglo XX, Pedro Bidagor. Y aquí no ha habido pelotazos. La primera virtud de Benidorm ha sido el ‘desarrollo endógeno’, como dicen ahora los progres, que consiste en crear empleo y producir sin destruir la naturaleza y beneficiando a los autóctonos… Más del 80% de las plazas hoteleras, unas 60.000, son de la gente del pueblo. Eran pescadores, camareros en los trasatlánticos, capitanes de buque, que empezaron sin dinero. La historia de Benidorm es el cuento de la lechera. Con lo que ganaban un año ponían una pensión, y luego le ponían una planta, y luego abrían un hotelito… y al final, 60.000 camas. Además, salvaron la playa. Por otro lado, aquí está también la mejor relación calidad precio del mundo. Tenemos 8 millones de turistas, dos de ellos británicos. ¿Por qué? Porque la cerveza cuesta tres y los hoteles seis veces menos que en Reino Unido, un milagro. ¿No es para ser patrimonio de la humanidad?

P. ¿Y no es hora de dejar de construir?

R. Aquí no ha habido burbuja inmobiliaria porque hace 10 años que apenas se construye, aunque los hoteles están llenos todo el año. No ha habido más que un edificio, la torre In Tempo [aún inacabada], en concurso de acreedores. La gente confunde construir chalets y apartamentos con levantar hoteles, y es muy diferente. El hotel genera empleo y turismo, mientras que el chalet que tiene aquí un madrileño se usa sólo 60 días al año.

“Esperemos que el título se lo den a otros espacios realmente naturales”, replica Pilar Marcos, de Greenpeace. Para la responsable de costas de la ONG, “Benidorm es un ejemplo del mal uso del suelo y los recursos. En nuestro informe anual sobre costas, siempre aparece como uno de los peores puntos. Hay problemas por invasión de la primera línea del litoral y temas de corrupción, como en Terra Mítica, y aunque es cierto que el impacto del urbanismo vertical es menor, usa muchos recursos, el agua por ejemplo, en una zona con mucho estrés hídrico”. Se suma a la crítica Pablo Sánchez, de Ecologistas en Acción: “Yo no criminalizo Benidorm, pero ha sido ejemplo de construcción en zona forestal quemada, con Terra Mítica, durante décadas las depuradoras han estado vertiendo agua al mar del Parque Natural de Serra Gelada, el uso que hace del agua no es nada sostenible… Hay sitios peores, pero no se merece ser patrimonio de la humanidad”. Gaviria, en respuesta, saca credenciales (“yo fundé la lucha antinuclear y ecologista en España”) y lanza un guante. “Les desafío a un debate público. Han tocado el tema mejor resuelto en Benidorm. El suyo es el sistema hídrico más sofisticado de todo el Mediterráneo, y nunca ha vertido agua al mar. Cuando yo llegé aquí, tenían que traer el agua en barco desde Mallorca”

P. Primera pata de la candidatura: bien cultural. ¿Cuál es la cultura de Benidorm?

R. Ni ellos mismos lo saben, pero se deriva del mejor invento del siglo XX, el Estado de Bienestar europeo. Tenemos sistema sanitario, educación gratuita, pensiones… y vacaciones pagadas. Y el símbolo sobre el territorio de esas vacaciones es Benidorm. Aquí vienen los pensionistas y los obreros europeos a disfrutar de la cultura del Estado del Bienestar, si a alguien le parece poco eso… que se vaya a ver qué ocurre en China, Rusia o Japón. ¿Que las playas están abarrotadas? ¡Claro, porque los pobres también tienen derecho a ellas! En Benidorm nunca ha habido famosos, nunca ha habido un Sinatra o un Presley, pero está lleno de cantantes vestidos de Elvis Presley. Es una especie de sustitución de lo que traerían los ricos pero a bajo precio, y me parece que eso es una cultura fantástica.

P. Segunda pata. El medio ambiente. ¿Dónde ve el respeto al medio ambiente en esos rascacielos?

R. Es que yo apoyo este modelo de ciudad que, en vez de dispersarse en casitas hasta el fin del mundo, como en Estados Unidos, está construida en altura, y además orientada al sur, con lo cual el gasto energético es mínimo. Hasta la quinta línea de playa puedes ver el mar entre los edificios, porque no forman una muralla. Entre ellos tiene que haber 14 metros. Y una calle de cada dos son peatonales. Son cosas que no tiene ninguna otra ciudad de playa. Es muy sencillo: Benidorm es la ciudad más ecológica del Mediterráneo. Y tiene lo que no hay en ningún otro sitio: el placer de ver el mar desde el rascacielos, bajar en el ascensor y estar en la playa. Entiendo que los rascacielos les parezcan brutales a los que no les gustan las ciudades concentradas, pero nadie está obligado a venir aquí.

P. Explíqueme eso que ha escrito en el dosier de la candidatura de que Benidorm es “una ciudad baja en testosterona y adrenalina, y con alto nivel de serotonina”.

R. Porque no vienen más que los viejos… y jóvenes británicos, que se desfogan bebiendo. Ahora el IMSERSO se desprecia, pero hubo más de un millón de ancianos españoles que descubrieron el mar gracias a los precios de Benidorm. Aquí ves a los viejos más felices del mundo, la gente sonríe, va de la mano.

P. Lo llama la “utopía concreta de la buena vida”. ¿Entiende que para algunos sea más bien una distopía?

R. Sí. Muchos odian Benidorm, pero a los que vienen, les gusta. Y me dice el alcalde que es una de las ciudades con la vivienda más cara de España, por mucho que sea una locura esto de los rascacielos…

Publicado en El Confidencial el 25 de abril de 2015

‘Expulsiones exprés’ de inmigrantes: de la comisaría al avión en 72 horas y sin defensa

El modelo de repatriación de inmigrantes desde España está cambiando. Lo constata la ONG Pueblos Unidos en su informe anual, en el que describe el auge de las “expulsiones sumarias”

“Por lo menos, deberían darles un cepillo de dientes”. La petición de Miriam, si se tiene en cuenta lo que está viviendo, parece modesta. Su hijo Raúl (18 años), desapareció de la noche a la mañana de su vida en España -llevaba más de tres años estudiando aquí-, de su instituto, de sus amistades y de su familia y, tras 40 horas en comisaría -el plazo máximo para retenerlos allí sin ponerlos a disposición judicial es de 72-, salió de Barajas rumbo a su Honduras natal. En ese tiempo, nadie le dio un miserable cepillo con el que asearse. Tampoco nadie informó a su madre de su marcha: se enteró ocho horas más tarde.

Esta misma semana en que la inmigración ha mostrado en el Mediterráneo sus dientes más amargos, con la desaparición de más de 700 personas, y Europa se pregunta qué hace y qué debería hacer ante esta tragedia, la ONG Pueblos Unidos, dependiente del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), ha presentado su informe anual sobre los Centros de Internamiento a Extranjeros (CIE) -el paso teóricamente previo a su expulsión del país-. Un informe en el que, por primera vez, ha puesto el acento en otra realidad: la de las ‘expulsiones exprés’. Las cifras obligan: según datos de Interior, en 2013 se expulsó a 4.726 personas desde los CIE, y a 6.462 desde comisarías, como le ocurrió a Raúl.

“Se les expulsa en 72 horas, sólo con el paso por comisaría. No hay asistencia letrada, salvo en la comunidad de Madrid, y se dificulta su acceso a una tutela judicial efectiva”, narraba en la mañana del miércoles Miguel González, del SJM. “Son vecinos que desaparecen”, añadía José María Trillo, coordinador jurídico de Pueblos Unidos: “Es un método más eficaz de expulsión que el internamiento en un CIE, porque se reducen sus posibilidades de defensa. Se hacen sin garantías, pues no se les suministra asistencia letrada, y con engaños, a veces, para que acudan por sí mismos a las comisarías”. Trillo citaba además dos aspectos clave de estas expulsiones “sumarias”: primero, ”no se valoran las circunstancias personales ni el arraigo” y, segundo, “afecta especialmente a personas con mera estancia irregular en nuestro país”, no a quienes tienen un procedimiento judicial abierto por algún delito, pues esto, paradójicamente, les otorga más garantías judiciales.

Raúl, el hijo de Miriam, es un buen ejemplo de ambos aspectos. Su madre vino de Honduras hace 11 años, y está regularizada desde 2005. Lo mismo ocurre con su hermana, que hoy estudia en la universidad. Raúl llegó en 2009, con 15 años. Ha estudiado aquí. Una tarde, a finales de 2014, “se lo llevaron” -las palabras son las de Miriam- cuando iba al instituto, en bicicleta. No tuvo abogado hasta las cuatro de la tarde siguiente. Y antes de que se cumpliesen las 72 horas, a las 40, salió en un vuelo vuelta a Honduras. “Estuve siete años separada de mi hijo cuando vine a España. Y ahora otra vez. Me parece injusto, porque estoy bien establecida en la sociedad. He trabajado desde que llegué, y mi hija está en la universidad. Me siento desamparada; es muy duro”, cuenta Miriam.

“Entendemos que se están creando dos modelos paralelos” -relataba en la presentación del informe Cristina Manzanedo, también de Pueblos Unidos-; “los CIE han sido muy cuestionados, así que por otro lado están estas ‘expulsiones exprés’, que son más baratas, más eficaces y más invisibles, pues se producen en horas y sin intervención judicial”. Miriam, por ahora, ha emprendido acciones legales. Mientras se resuelven, demanda, al menos, un cepillo de dientes para quienes pasan por lo mismo que su hijo.

Publicado en El Confidencial el 22 de abril de 2015

Sanidad en las aulas: niños sin enfermeros (y padres de guardia)

Todas las enfermedades pediátricas están en las aulas, pero allí no suele haber nadie formado para atenderlas. Padres y profesores reclaman desde hace tiempo la presencia de un profesional sanitario

En el colegio de Fernando trabaja ya una enfermera. (Foto: EC)

En el colegio de Fernando trabaja ya una enfermera. (Foto: EC)

A Mª Dolores Campos la voz se le quiebra. “Le dimos un masaje respiratorio, y por fin empezó a moverse. Vio cómo estaba yo, y me dijo: ‘Mami, no llores, no pasa nada’”. No pasó nada, efectivamente. Pero no por suerte o por medios, sino porque la madre de Fernando (4 años) estaba a la puerta de su colegio cuando él se quedó sin respiración, cumpliendo el ‘turno’ que le toca hasta que la sustituye su marido. Y porque ella es matrona y él, médico de urgencias en un hospital próximo, y además llevan siempre consigo material sanitario.

Su hijo, Fernando, padece una enfermedad rara no diagnosticada, no es capaz de deglutir y tiene que alimentarse por un botón gástrico. Si traga algo, y últimamente es aficionado a llevarse cosas a la boca, puede ocurrir lo que efectivamente sucedió hace unas semanas. Un dado se le quedó atrapado, dejó de respirar y cayó inconsciente. Su madre intentó que lo expulsara y también sacarlo con la pala de laringo, y su padre -que llegó en taxi- trató de intubarlo, pero el propio dado lo impedía… hasta que ella, con unas pinzas, lo logró. Fernando, que estaba inconsciente, volvió en sí. Él y su familia están hoy de enhorabuena: esta semana una enfermera ha comenzado a trabajar en su colegio, algo que llevaban reclamando desde que él empezó en la guardería, cuando los servicios de atención temprana insistieron en que tenía que salir de casa, socializarse y, sí, escolarizarse.

La reivindicación de esta familia, sin embargo, no es sólo suya o del colectivo de afectados por enfermedades raras. Belén Domínguez es madre de una adolescente de 14 años, Carla, que lleva 11 conviviendo con la diabetes. Como Mª Dolores, Belén ha sacrificado parte de su trabajo por estar con su hija en un colegio sin enfermero. Aunque ella tiene una ventaja: es docente, aparte de tener cierta formación en enfermería, así que lo que hizo fue aceptar un puesto a tiempo parcial en el centro extremeño en el que estaba Carla. Desde entonces se ha ocupado de su hija “y de todos los niños con diabetes que han venido después”.

Belén comprende a los padres que, como le ocurrió a ella, sienten “miedo” (a que nadie le haga el control de glucemia a sus hijos en el colegio, a que llegue el bajón de glucosa y nadie sepa actuar…) e inquietud por depender de la buena voluntad de los profesores. Y comprende también a los maestros, que se ven ante la necesidad de asumir responsabilidades en materia sanitaria para las que no están formados: “A los docentes nos entra temblor con cada niño que llega con una enfermedad. Al mínimo error, el problema es tuyo. En mi centro hay un chico con alergia que va con la adrenalina a todos sitios, pero ¿quién se atreve a ponerla?”.

La presencia de personal sanitario en los centros en que sea necesario es una vieja reivindicación de los sindicatos de educadores. Es algo que atañe “al propio concepto de un sistema educativo inclusivo, es decir, el que garantiza que todo alumno llegue al máximo de sus potencialidades. Si el alumno puede llevar una vida normal, el sistema tendría que acogerlo”, dice Carlos López Cortiñas, secretario general de la Federación de la Enseñanza de UGT. La realidad es que, hasta la fecha, en la mayoría de las comunidades existen protocolos -no obligatorios- para que los profesores sepan cómo actuar ante dolencias como la diabetes, pero poco más. “Llevamos tiempo diciendo que es un ámbito que está bastante abandonado. Una enfermera no sirve sólo para atender una situación ‘de botiquín’, un accidente, ni a niños con patologías crónicas que necesiten un seguimiento, sino también para toda la formación referida a temas de salud que se incluye en los currículos básicos, o cuestiones como la formación en hábitos saludables o cómo actuar en una situación de crisis”, dice José Luis Cobos, asesor del Consejo General de Enfermería.

Sin embargo, esta figura -”indiscutible”, según Cobos- sólo existe de forma reglada en comunidades como Valencia y Madrid, donde hoy trabajan 164 diplomados universitarios en enfermería en educación infantil, primaria y especial, en los centros en los que hay niños “que requieren una atención sanitaria previsible y estable”, según explica José Carlos Gibaja, director general de Infantil y Primaria de la Comunidad de Madrid. “Ha habido otras iniciativas, pero muy tenues y no estructuradas”, prosigue Cobos. Eso a pesar de que, como señala Luis González, secretario de la Federación de Diabéticos Españoles (FEDE), “todas las enfermedades pediátricas están en las aulas”. La atención sanitaria no sólo prevendría crisis, sino que también serviría “para normalizar la situación de los niños. Por ejemplo, hay muchos que no hacen ciertas actividades físicas porque nadie les hace un sencillo control de glucemia”.

“Desde luego, el hecho de que hubiera un enfermero en los centros contribuiría a mejorar la situación, sobre todo cuando se trata de administrar medicación, en lo que hay un vacío legal”, cuenta Javier Korta, jefe de Sección de Neumología Infantil en el Hospital Universitario de Donostia y autor de El asma en la infancia y la adolescencia (Fundación BBVA), que recuerda que por ahora en casos de asma o alergia la situación se parchea con un consentimiento y un informe médico que los padres entregan a principio de curso indicando las pautas de medicación. “Un profesional podría, en el caso de niños con asma, actuar más rápidamente y evitar crisis graves que desemboquen en el hospital, y en alergias, evitar con adrenalina el shock anafiláctico“.

Evitaría, además, el sobreesfuerzo de padres como Cristina, una mujer también murciana con un hijo, Izan (7 años), que padece una fuerte alergia a la proteína de la leche. Cualquier champú, suavizante y por supuesto alimento que la contenga, incluso por mero contacto, puede producirle una reacción. Si llega a sus labios, puede ser aún peor: “Propuse que, para que no hubiera problema, los niños desayunasen en clase, y luego yo limpio todo resto de comida del aula y controlo que todos se laven las manos. Así me quedo yo tranquila y también él, que ya sabe cómo es un shock anafiláctico”.

Publicado en El Confidencial el 18 de abril de 2015

Moda islámica ‘made in Spain’

“¿Moda islámica? Bueno, yo lo que hago es ropa, más que moda”. Con esa sencillez se expresaba a pocas horas del primer desfile de moda diseñada por musulmanas de España en la madrileña Casa Árabe una de las dos creadoras que han participado en él, Cintia Robles. Sus diseños -largos vestidos, abayas tradicionales, niqabs, túnicas, khimares- poco tienen que ver con los de la otra diseñadora que participó este viernes en el desfile, Nadia Zein, piezas coloridas y exuberantes pensadas para momentos especiales, no para la cotidianeidad. Ambas, sin embargo, surgen de una inspiración común: la constatación de una necesidad entre la cada vez más numerosa población musulmana en España (1.732.191 personas, según el último informe del Observatorio Andalusí).

“Cuando me convertí, hace seis años, me di cuenta de que es imposible encontrar en las tiendas comunes la ropa que necesitamos. Compraba en internet, en tiendas de Arabia Saudí y de Egipto, pero es muy engorroso por las aduanas, el precio, el tiempo que tarda en llegar…”, narra Cintia (36 años). Esta española, nacida en Vitoria (vive en Barcelona), había estudiado diseño de moda, participado en desfiles y trabajado para el grupo Inditex. Mientras estaba empleada se convirtió al Islam, y llegó la familia, trillizos nada menos, y aquello “era incompatible con el trabajo. Y no me veo yendo a una entrevista con el pañuelo. Empecé a hacer ropa para amigas, luego creé el blog, y ahora vendo también en una tienda online y por Facebook…”.

Foto: Colección Nadia Zein (Facebook).

Al escuchar que puede pensarse que su ropa ‘tapa’ la personalidad de quien la lleva, responde: “Es simplemente una cuestión religiosa. Yo antes llevaba minifalda. Ya no. Hay muchos tipos de musulmanas, como de cristianas, algunas se cubren más y otras menos, las hay más practicantes, y sienten esa necesidad de no enseñar su cuerpo”. Nadia Zein, musulmana desde que nació, hace 24 años, en Marruecos, en una familia “muy religiosa” -y educada desde hace 16 en Valencia, donde se formó como técnica superior de moda y vende en la tienda Diseños de Autor-, no siente, por ejemplo, la necesidad de cubrirse con un velo. Pero sí cuenta con amigas que la tienen, y que “además quieren llevar un vestido colorido y diferente, nada recto. O que no quieren llevar una abaya larga a un evento. O que quieren usar un vestido moderno, pero que no enseñe nada, sin escote… Yo intento jugar respetando sus necesidades. Por ejemplo, tengo un vestido que ellas pueden llevar con pantalón y otra mujer, sin él”.

Coinciden tanto Cintia Robles como Nadia Zein en que el mercado está creciendo, especialmente por las mujeres, como la primera, conversas españolas, o como la segunda, hijas de inmigrantes de países musulmanes, muchas nacidas ya en España, y que buscan un estilo cómodo y correcto en cuanto a la religión. “No hay tiendas para ellas”, recalca Zein, cuyos diseños -únicos para cada clienta y hechos a medida-, van de los 300 a los 600 euros. Robles, que vende túnicas por 17 euros y niqabs por 3, ríe: “El recurso más a mano para una musulmana en España son las chilabas marroquíes… Pero no tienen por qué gustarle, como no tiene por qué gustarle un traje hecho en Pakistán”.

Ambas mujeres diseñan, hacen el patrón y cosen, pero de sus manos salen creaciones ‘islámicas’ tan distintas como bien pudieran serlo las de dos diseñadoras de una hipotética ‘moda cristiana’, aunque con algo en común: cubrir una necesidad hasta ahora no satisfecha de algunas mujeres musulmanas. “Se puede abrir un mercado muy grande”, remata Nadia.

Foto: Colección Nadia Zein (Facebook).

Publicado en El Confidencial el 28 de marzo de 2015

No habrá AVE rentable ni en medio siglo… aunque conviene seguir explotándolo

Fedea presenta dos estudios sobre el AVE y AENA, con conclusiones elocuentes, como la de que, en 50 años, los beneficios de la línea más rentable de alta velocidad no cubrirán ni el 50% de la inversión

“¿Qué hubiera pasado si no se hubieran construido los 2.000 km de alta velocidad que tiene España? Nada. Los pasajeros hubieran seguido yendo en avión”. La frase la pronunciaba esta mañana Ginés de Rus, coordinador del área de Infraestructuras de la Fedea, en la presentación de dos nuevos estudios de esta organización sobre la política española de infraestructuras… o, en sus palabras, la “falta de políticas de infraestructuras” que ha tenido este país hasta la fecha.

Los análisis se centran en dos sistemas sustitutivos, que han propiciado una “duplicidad absoluta, con exceso de capacidad y dimensión” y, en general, baja demanda: el AVE y la red de aeropuertos. En cuanto al primero, realizado por Ofelia Betancor, de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y Gerard Llobet, del Centro de Estudios Monetarios y Financieros, se centra en la rentabilidad de la alta velocidad española -en la que España es líder en km por habitante-, tanto económica como social.

Salvando las “dificultades” para conseguir algunos datos (manifestaba De Rus que la transparencia no es uno de los rasgos de nuestro AVE), el corredor más rentable, el de Madrid-Barcelona, tiene unos ingresos esperados en 50 años (considerando siempre los supuestos más favorables), de más de 5.094 millones de euros. Los costes variables (en mantenimiento, personal, etc.) superan los 1.630 millones, y la resta de ambos conceptos (más de 3.464 millones) sólo cubrirá -recordemos, en medio siglo- un 45,94% de la inversión, que fue de 7.541 millones.

En cuanto a la cuenta social (que analiza aspectos como los ahorros de tiempo de los pasajeros, el impacto en accidentes y congestión de carreteras, etc.), la relación entre los beneficios sociales, los costes variables y la inversión se queda en un 79,61% excluyendo, además, “los temas medioambientales, aunque consideramos que serían ampliamente negativos”, según señalaba De Rus.

En el resto de corredores, las expectativas son aún peores: la cuenta financiera se queda en que se recuperaría, en el mejor de los escenarios, un 11,37% de la inversión en 50 años en el Madrid-Andalucía; en un 9,6% en el Madrid-Levante, y en un -1,41% en el corredor Madrid-Norte de España, donde los ingresos de explotación no cubren ni siquiera los costes variables, lo que implica que cada año que opera esta línea hay que inyectar dinero o, en palabras de De Rus, que “a los viajeros hay que pagarles para que viajen”.

En resumen, según los autores: “Ninguna línea debería haberse construido”, aunque resulta razonable seguir operando los tramos ya construidos, salvo la línea del Norte de España, que ahora llega a Valladolid. Resumía el problema de la alta velocidad en el país Ginés de Rus: “En el mundo, la línea Tokio-Osaka, la París-Lyon y la Madrid-Sevilla cubren distancias similares. La primera tiene 130 millones de pasajeros al año, la segunda 25 y la tercera, cinco”.

Gestión de aeropuertos

El segundo de los estudios, llevado a cabo por Juan Santaló (Instituto de Empresa) y Pilar Socorro (Universidad de Las Palmas) analiza el proceso de privatización de AENA seguido en España, donde se ha optado por una privatización parcial minoritaria (49%), frente a la privatización separada de los diferentes aeropuertos. ¿Conclusiones? El modelo español impide la competencia entre aeropuertos, aunque ha proporcionado una calidad comparable a la media europea, y a costes competitivos. Sin embargo, la explotación en red da lugar a una “subvención cruzada” de aeropuertos que favorece, a su vez, que haya demasiados. “Seguramente no haya que cerrar todos los pequeños, pero en algún lado está la raya, y algunos probablemente no deberían haberse construido jamás”, aseguraba Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea.

Publicado en El Confidencial el 26 de marzo de 2015

“El AVE en España ha sido un desastre en términos económicos, no políticos”

España es líder mundial en km de vía por habitante, y colista en pasajeros de una tecnología que sólo da beneficios sociales con alta demanda, según un estudio de FEDEA, del que Germà Bel es coautor

Un panorama, por lo general, desolador. Es la conclusión que parece extraerse del estudio que FEDEA presentaba esta semana sobre La experiencia internacional en alta velocidad ferroviaria. En todo el mundo, la alta velocidad se concentra en Europa occidental y Asia oriental, y sólo dos líneas han proporcionado rentabilidad económica clara: la japonesa Tokio-Osaka y la francesa París-Lyon. Añade el catedrático de Economía de la Universidad de Barcelona Germà Bel, uno de los dos autores del informe -junto a Daniel Albalate-, que la china Jian-Quingdao va por el mismo camino, aunque recalca el hecho de que esto ocurra en una sola línea en toda China, el país con más kilómetros de red (11.067) y menores costes de construcción (entre 6 y 27 millones de euros por km, frente a los 15 como poco del coste mínimo español, sin contar estaciones y expropiaciones, entre otros, ni los costes de mantenimiento, de unos 100.000 euros al año por km).

En ese panorama internacional, España es líder: segunda en número de km (2.500) tras el gigante asiático y primera en términos relativos, con 54 km de alta velocidad por cada millón de habitantes (79 si se incluyen los tramos en construcción). Y es, sin embargo, el ’farolillo rojo’ en cuanto a número de pasajeros por km de red, algo más de 10.000 frente a los más de 150.000 de Japón o los 61.000 de Francia, un país que ha llegado en alguna línea (la de Lyon) a recuperar el 100% de su inversión, y en la mayoría de ellas, como mínimo, el 30-40%, y “aun así han decidido suspender sine die, con una sola excepción, los nuevos proyectos”, recalca Bel.

En España no sólo no se recupera la inversión (ni se recuperará, si atendemos a las últimas noticias sobre el AVE España-Francia), sino que “ninguna línea tiene un retorno social positivo”, según explica este investigador, que aparte de su labor académica fue en su día portavoz de economía del Grupo Socialista en el Congreso (legislatura 2000-2004) y se ha mostrado siempre muy crítico con la alta velocidad en España.

Y es que el estudio no sólo se detiene en la rentabilidad económica, sino que analiza también, revisando la literatura internacional, el impacto y el retorno en la sociedad de la implantación de la alta velocidad. ¿Conclusiones? El AVE no genera más que una “inducción moderada” de nuevos desplazamientos, sustituyendo a otros medios de transporte, puede incluso tener un “impacto negativo” en cuanto a la actividad económica de ciudades pequeñas, puesto que su efecto es de ”centralización de las actividades de servicios”, “no genera nuevas actividades ni atrae la inversión”, no tiene efectos más que “marginales” a largo plazo en el turismo (y, en todo caso, aumenta el número de visitantes, pero no el de pernoctas) y produce, teniendo en cuenta los costes públicos, un beneficio “desproporcionado para los usuarios de rentas más elevadas” (que son quienes usan el AVE).

Al teléfono, Bel es aún más contundente: “En España las obras del AVE han creado un problema, el de qué hacer ahora para que se use más, y no una solución. Y lo grave es que se siguen creando problemas: los 1.000 km nuevos de alta velocidad de este año”. En España, añade, su implantación “ha sido un desastre en términos económicos y sociales, de bienestar y de productividad, pero no en términos políticos o administrativos. José María Aznar, en su segunda investidura, dijo que el objetivo era poner las capitales de provincia a cuatro horas de Madrid [Diario de Sesiones del Congreso, p. 29]. Y Ana Pastor ha añadido que el AVE nos hace más iguales a los españoles. Pues bien, felicidades. En ese sentido, la política de la alta velocidad ha sido muy cara, pero también muy eficaz”, señala Bel, que tampoco ahorra críticas a los gobiernos socialistas: “En 2004 fueron a las elecciones con un programa de ‘racionalización’, y sin embargo construyeron 1.000 km más”.

¿Podría implantarse en España un sistema con una repercusión más positiva, en lo económico y en lo social? “El problema es que la idea aquí ha sido tener la infraestructura, y la de otros países, Francia por ejemplo, usarla. Y en España, además, se ha hecho todo con una estrategia de transporte de viajeros a 300 por hora. Sin embargo, hacer una nueva línea de esas características supone un coste que dobla el de transformar una línea convencional para los 200 km/hora, que además permite combinar su uso con el transporte de mercancías, como se ha hecho en Alemania”.

Publicado en El Confidencial el 14 de marzo de 2015