Skip to content

Misa por Franco: “No podemos en un funeral canonizar a nadie, ni siquiera a un hijo tan excelso de la Iglesia”

  • Cerca de un millar de personas asistieron a la misa convocada por la Fundación Francisco Franco y la familia del dictador en Madrid.
  • La celebró el sacerdote Rodrigo Menéndez Piñar, nieto del fundador de Fuerza Nueva, que habló de la “insuperable obra de Francisco Franco”.
  • El acto terminó con gritos de “viva Franco” y hubo un altercado con jóvenes antifascistas.

  • Salida de la misa por Franco en Madrid. /A Goñi

    “Concluido el acto, entre grandes aclamaciones, desciende por la escalinata […] mientras el gentío le aclama a los gritos de ¡Franco!, ¡Franco!, Franco!”. Han pasado 80 años de la escena descrita en el Diario de Burgos. Aquel otro 20 de noviembre, ese de 1938, se celebró en la capital de la España franquista, Burgos, una misa por el alma de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, presidida por Francisco Franco. En una imagen del Hulton Archive se puede ver al dictador ante la puerta del Sarmental de la catedral, brazo en alto. Aquel fue un día nublado, según cuenta la crónica, a pesar de lo cual “su excelencia el Generalísimo apareció ante el gentío agolpado”.

    Misa por Franco. Ana Goñi

    Han pasado 80 años, y este 20N de 2018 lo que hay es algo más de una decena de misas “por el alma del Generalísimo”, organizadas por la Fundación Francisco Franco (que las cifraba para toda la semana en 16, aunque se suspendió una en Ferrol) y presididas por la que se celebra a última hora de la tarde en la iglesia de San Francisco de Borja de Madrid. El día -más bien la noche ya- es nublado también. Y no aparece Franco, que lleva 43 años muerto, ni siquiera todos sus nietos y bisnietos -a pesar de que era la familia, además de la Fundación, la que convocaba-, pero sí hay gentío agolpado: en la Iglesia, contando sólo a los sentados, suman al menos unas 800 personas.

    La cita, la primera multitudinaria tras la muerte del dictador, viene alborotada por la aún pendiente exhumación del dictador del Valle de los Caídos, las dudas sobre dónde quedarán sus restos, las agresiones a activistas de Femen en un acto de Falange… En la puerta, Víctor, el vendedor de merchandising franquista -pulseras y calendarios a uno y dos euros- está ahí “por ganar algo”. Hay señoras que dicen que no van a la misa, sino que se han “encontrado” en la puerta de la iglesia, como de repente. Hay también un revuelo de cámaras y micros, se oye al presidente de la Fundación Francisco Franco, Juan Chicharro, afirmando que “no se le podrá exhumar” y se escucha a mucha gente como Agustín, 52 años, que viene de Córdoba con su hija y su mujer y “aprovecha” -como ‘aprovechó’ el año pasado- para pasarse por la misa: “Que le dejen tranquilo como está. Es que están levantando esto. La historia la están contando según los rojos”, dice, y añade: “Es más dictadura lo del PSOE y Podemos, con el ‘coletas’ diciendo que le pongan una bomba a la cruz”.

    En la puerta de la iglesia, también antes del acto, el personal de la Fundación reparte el ‘recuerdo’ de la misa, un impreso en el que las imágenes no son de San Francisco de Borja, sino del Valle de los Caídos y de la tumba del dictador, “que yace junto a todos los que dieron su vida por una España mejor”. No dicen -“no saben”- el nombre del sacerdote que celebra, pero horas antes una llamada a la parroquia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja, que pertenece al servicio jesuita, había arrojado ya algo de luz. Sobre la misa y sobre el ánimo con que los jesuitas -al menos el de quien atendía el teléfono- acogían el acto. Una voz respondía al otro lado del teléfono: “No estoy autorizado a dar información. Lo que sí te puedo decir es que no va a celebrar ningún jesuita. En mi estadillo pone ‘Misa aniversario. Don Rodrigo Menéndez’. No sé nada más”.

    ¿Rodrigo Menéndez? ¿Rodrigo Menéndez… Piñar, el nieto del fundador de Fuerza Nueva? Sí. Él es quien celebra la misa este señalado 20-N de 2018, el año que se ha decidido la exhumación de Franco. Rodrigo Menéndez Piñar no defrauda a los asistentes. Después de pedirles que vayan “más allá de su sentir patriótico” y de dirigirse a los “muy queridos familiares de Francisco Franco”, eleva el tono: “No podemos nunca en un funeral canonizar a nadie, ni siquiera a un hijo tan excelso de la Iglesia”.

    “¿Cuáles son las obras de Francisco Franco que pueden servirnos a nosotros de empuje y acicate? Pues no son otras que las obras del alma”, dice, para después recordar esa “perla preciosa” que el dictador dejó en las palabras de su ‘testamento’“Siendo insuperable la obra de Francisco Franco”, continúa el cura, para después enumerar lo que, para el sacerdote, dejó a los españoles: “La clase media, la Seguridad Social, los hospitales, las industrias, los bosques…”

    “Y de esa obra vivimos nosotros”, añade. Con todo eso, no es extraño que la homilía acabe entre los aplausos de los asistentes. Hubiera bastado con eso, pero el cura cita también al Franco de misa, comunión y rosario diarios, aquel que “fue delante de nosotros marcando caminos de lealtad”, “y todo con su sonrisa impenetrable”. Habla también de “un odio que no es de este mundo”, el único que puede explicar “lo que está pasando estos días” y de “los enemigos de Cristo, que no son otros que los enemigos de España” y reclama “estar en el frente con la sonrisa del caudillo”.

    Salida de la misa. / AG

    Un soneto de Manuel Machado, ese que acaba con “la sonrisa de Franco resplandece” le sirve a Menéndez Piñar para cerrar, no sin añadir: “Que así sea”. Con esta homilía y con el himno de España sonando poco después en el órgano, no es extraño que después, entre los asistentes, se valore “muy bien, muy bien” la misa.

    Luego, lo esperado: se escucha que volverá “a reír la primavera” y que volverán, también, las “banderas victoriosas”, se escuchan vivas a Franco, “¡presente!”, a José Antonio y a Cristo Rey, se escuchan gritos de “carroña” a la prensa y hay un leve altercado con unos jóvenes que han puesto una pancarta en la puerta contra el fascismo. “¡Franco!, ¡Franco!, ¡Franco!, se oye, bien alto, en la puerta de la iglesia. No, no es 1938. Han pasado 80 años.

    Publicado en Cuarto Poder, el 21 de noviembre de 2018.

    España, 2018, más de 600.000 analfabetos

  • Son, en su mayoría, españoles, mayores de 70 años y mujeres, aunque los hay en todas las franjas de edad, según datos del INE
  • Existen más de 2.800 Centros Públicos de Educación de Personas Adultas (CEPA), con una distribución muy dispar por Comunidades Autónomas. Nacieron para satisfacer la demanda, en el pasado alta, de alfabetización, pero hoy se centran más en la titulación en Secundaria, acceso a la universidad, inglés, informática, etc.
  • En los pupitres hay lápices, gomas, cuadernos. En el aula, una pizarra de tiza y una electrónica, un corcho, un reloj que marca el inicio y el fin de la clase. Una veintena de alumnos se sienta por parejas, dos de ellos varones. “Dictado de números. Línea número uno: 1.250. Poned el puntito de los miles”, les pide Carmen*, la profesora, que también les recuerda que detrás del punto tiene que haber tres números. Antes, les dio una definición -“dibujo de una persona que hace más grandes y exagerados sus rasgos”- y ante la respuesta correcta -“¡caricatura!”-de una de las alumnas, se oyeron aplausos en la clase.

    No es lo normal en un aula al uso, como tampoco que sobre las mesas abunden, también, las gafas de lectura. Y es que los alumnos de las clases de este lunes de Carmen no son niños ni adolescentes: la mayoría son ancianos -ancianas, salvo un hombre- y los menos, de entre 30 y 50 años, inmigrantes (un solo varón también). Estudian primer nivel de ‘Enseñanzas iniciales’ en un centro de educación de adultos de Madrid, el CEPA Joaquín Sorolla, en la Guindalera.

    “¿Que por qué venimos?”, reflexiona una de las alumnas. “Pues porque cada vez que llega una carta del banco tengo que ir al vecino, y el vecino tiene que enterarse de lo que tengo yo con el banco”, explica. La secunda Emma, que deja la clase de Carmen por un rato, y mientras allí se oye que el sonido ‘/k/’ con la ‘a’ se escribe ‘ca’ y con la ‘e’ no se escribe ‘ce’, ella cuenta que nació en Madrid en el 35, y que en su casa el día que había comida no había zapatos, y al revés. O no había ninguna de las dos cosas, ni tampoco, claro está, medios para estudiar. A los 13 se puso a trabajar, en telares, fue limpiadora, telefonista… y sólo empezó a leer “ya un poco deprisa” en las clases para adultos de la Escuela Popular de Prosperidad, de la que habla con inmenso agradecimiento: “Yo decía: el día que me muera, que me entierren aquí en el patio”.

    Emma dice que es “muy trabajadora, pero muy poco inteligente”, aunque lo primero es patente y lo segundo no lo parece en absoluto. Sus hijos le tienen prohibido venir a clase, porque se obsesionaba tanto que se levantaba de madrugada a hacer los ejercicios, y el estrés hizo mella. “Me dicen: ‘¡Con esa edad ya no lo necesitas!’, pero les tengo engañados. Creen que por las tardes estoy de paseo, y vengo aquí. Porque sí lo necesito: para entender las cosas, para expresarme, para poder escribir una carta. Para la vida”, explica. Emma tiene un ebook y pone la letra grande, porque si no, no la lee: “El otro día aprendí que ‘vaya’ no se escribe con ‘b’ ni con ‘ll’ y ya me fui feliz. Soy como los niños chicos”, acaba.

    Las cifras

    Según los datos del INE (VER TABLA), en la España de 2018 hay 614.200 analfabetos, personas de 16 y más años que “teniendo en cuenta cualquier lengua del mundo cumplen: nos son capaces de leer ni de escribir; son capaces de leer pero no de escribir; son capaces de leer y escribir sólo una o varias frases que recuerdan de memoria; son capaces de leer y escribir sólo números o su propio nombre”. De ellos, la mayoría son españoles (520.700), mujeres (407.400) y mayores de 70 años (381.800), aunque los hay de otras franjas de edad: los 23.100 de 35 a 39 años, por ejemplo, o los 2.800 de 16 a 19 años, nacidos en torno al cambio de siglo.

    Existen 2.836 centros públicos de Educación de Personas Adultas (más de 600 en Andalucía) como este Joaquín Sorolla de Madrid. Nacieron para la alfabetización de adultos, lo que hoy corresponde a esos primeros cursos de Enseñanzas Iniciales que imparte Carmen, pero ya son mucho más. “Su razón de ser ya no es esa”, explica Delicia Castellanos, la directora del Joaquín Sorolla. “La de la alfabetización es una demanda que ya prácticamente no existe. Hay un reducto sobre todo de personas muy mayores e inmigrantes, pero el perfil mayoritario de quienes vienen al centro es el de gente joven que necesita la titulación de Secundaria (ESO), y es esencial también la alfabetización digital”, prosigue. Como señala Iñaki Permanyer, investigador Ramón y Cajal del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona y autor de un estudio sobre el analfabetismo a nivel internacional, el analfabetismo en sentido estricto es casi algo del pasado en España, “pero surgen nuevas capas de desigualdad, en el manejo de nuevas tecnologías, de herramientas básicas”.

    A las puertas del centro, fuera, un chico rapea ante un teléfono. Quizá luego tenga clase: entre el alumnado del Joaquín Sorolla hay jóvenes de 18 a 27 años que no han acabado secundaria en su momento; gente de entre 40 y 50 que a los 14 empezó a trabajar y necesita el título; personas que acuden para la preparación de la prueba de acceso al grado superior de FP y a la universidad… Se da ESO a distancia; español para extranjeros; inglés; informática para personas adultas…

    “Es esencial que la población adulta pueda acudir a un centro a cubrir sus carencias básicas, la Secundaria, sí, pero también el inglés, por ejemplo para quienes tienen a sus hijos fuera, o la informática, que necesitan para ir al banco o pedir cita en el médico…”, cuenta Castellanos, que añade: “Por supuesto que, aunque hoy sea una demanda minoritaria, hay que continuar con las enseñanzas iniciales, porque siempre quedará un reducto de personas que no hayan podido escolarizarse. En los años de la crisis, y con la disminución del número de inmigrantes, se intentó reducir bastante, pero con un gran esfuerzo conseguimos mantenerlo. Fue empeño nuestro”.

    Buenas palabras

    Delicia Castellanos sostiene que el apoyo público a los CEPA tiene “más de buenas palabras que de realidades. Las plantillas son inestables: aquí, de 16 profesores, diez cambian de año en año, con lo que no se pueden plantear proyectos, algunos no han estado nunca con adultos, y la única formación que reciben es voluntaria, de cuatro horas durante cuatro días… No existe un reglamento orgánico para los CEPA. En los presupuestos, estamos en el cajón de sastre de atención a la diversidad…”. En resumen: “Desde la administración no se valoran estas enseñanzas. No se piensa en la educación de adultos, lo que supone que a la gente que ha quedado fuera, se la sigue dejando fuera”.

    “El esfuerzo en la educación adulta es insuficiente”, corrobora Antonio Viñao, catedrático (hoy jubilado) de la Universidad de Murcia y autor de La alfabetización en España: un proceso cambiante en un mundo multiforme. “No se valora el trabajo de quienes trabajan allí, y no hay siquiera especialidad para el profesorado. Sin embargo, no es sólo que esos centros permitan a los adultos sacar títulos, es que hacen posible que personas que han sido excluidas de un modo u otro, tomen conciencia de lo que pueden hacer. El esfuerzo de esos centros es muy alto”, defiende.

    Mayores e inmigrantes

    Delicia Castellanos entró en el Joaquín Sorolla en el año 2000. Y entonces quienes le engancharon a la educación de adultos fueron, precisamente, esas mujeres mayores que hoy son las menos en el centro, las que acuden a las enseñanzas iniciales: “Tienen un interés tremendo por aprender, son constantes y respetuosas, lo que no quiere decir que sean sumisas. Exigen y participan”.

    Carmen, la profesora, que este curso trabaja por primera vez con adultos, alaba también su educación, sus ganas de aprender. “Pertenecen a una generación sin oportunidades. Pero han visto que sus hijos sí las han tenido, y ahora ellas no quieren perderlas”, narra.

    Habla Carmen también de otro perfil, el de inmigrantes árabes como Lucía (nacida en Marruecos, 48 años, 26 en España, dos hijos), que también dejó de estudiar de niña para ganar dinero cuidando niños: “He llevado toda una vida de trabajar [hoy está en un hotel, de cocinera]. Sé leer más que escribir, y aunque mi marido me ayuda con los pedidos, quiero hacerlo yo. Si no tienes estudios no eres nadie”. También de Marruecos, Rahma (54 años, 25 en España) trabaja de interna en una casa y dice que no va a dejar de estudiar “nunca”: “No puedes ir por la calle, por el metro, sin saber nada, mirando con agobio las letras, preguntando todo el rato. Cada día que aprendo una palabra, una frase, me siento muy contenta”, cuenta.

    También acuden mujeres venidas de Sudamérica, como Sonia (hondureña, 44 años, dos hijos), a la que en la casa en la que trabaja de interna le dan dos horas de permiso para acudir a clase. En su país, de niña, tardaba hora y media caminando en llegar a la escuela, así que poco iba, y a los 12 se puso a trabajar. Sabía escribir su nombre, nada más. Sonia ha aprendido ya a leer “un poco”, y así mitiga la vergüenza. Sueña con aprender más, quizá poner un pequeño negocio y, sobre todo, con que sus hijos (uno ya universitario) “sean alguien en la vida”. “Y no queden como yo”, concluye, y a pesar de la frase, sonríe.

    En el Joaquin Sorolla hay casos como el de Melina (Guinea Ecuatorial, 21 años, tres en España), que empezó en enseñanzas iniciales y aprobó la ESO el pasado junio, pero también otros, como el de la mujer china que se acerca a Carmen para decirle que va a dejarlo. “¿No vas a venir más?”, pregunta ella, y se le adivina la pena.

    Una deuda social

    “Ya no son muchas las personas que necesitan alfabetización. Su número quizá no sea relevante, pero tenemos que cubrir ese hueco, que creo que es muy importante atender como país desarrollado que somos”, reflexiona la profesora. “Por un lado, a las personas mayores se lo debemos en cierta medida, porque han peleado para que tengamos lo que tenemos. Por otro, para los inmigrantes, la educación es la apuesta más segura para integrarlos”.

    A todas las mujeres que aparecen en este reportaje se les desborda la ilusión por la mirada. A todas. Sus palabras desgranan, en su mayoría, relatos duros, pero mientras algunas hablan de años de trabajo robados a su niñez y a la escuela, otras del agobio, de la vergüenza de no poder leer, del día sí y día también pidiendo ayuda, sonríen. Quizá por lo que cuenta Gertrudis (79 años), una mujer que pasó la infancia cuidando ovejas en su pueblo de Guadalajara, se fue a los 17 a servir a Madrid y marchó a Francia; una mujer a la que sus hijos le escribían los carteles de su tienda, porque ella no sabía, y que aprendió ya hace años a leer gracias a ellos: “He ganado muchas cosas. Por ejemplo, los libros. ¿Cómo te explicaría? Estás leyendo un libro y es como entrar en un mundo nuevo”.

    *Algunos de los nombres son ficticios.

    Publicado en Cuarto Poder el 14 de octubre de 2018.

    50 días tras los muros de un CIE

    “De nuevo son las 8.30 de la mañana. Nos despiertan con las mismas malas formas con las que nos tratan todo el día, como si fuéramos trozos de algo sin sentimientos. Comienza un nuevo día igual que los otros 50 que he pasado ahí. ¿Por qué?”.

    La pregunta la lanza Eron*. 18 años, nacido en Albania. Eron es una de las 8.814 personas que pasaron por un Centro de Internamiento de Extranjeros español (en su caso, el de Aluche, en Madrid) en 2017, según las cifras que ofrece el Informe CIE 2017, del Servicio Jesuita a Migrantes (SJM), presentado el pasado jueves. Entre ellas, el Ministerio de Interior reconoce que se identificó a 48 menores. Las nacionalidades más repetidas fueron la argelina (31%), marroquí (18%) y costamarfileña (13%).

    El título del estudio del SJM es expresivo: “Sufrimiento inútil: los nuevos lazaretos”. La RAE define lazareto como un “establecimiento sanitario para aislar a los infectados o sospechosos de enfermedades contagiosas”. En épocas pasadas, con él se designó a las construcciones fortificadas de los puertos en las que se recluía a la tripulación y el pasaje de barcos mientras pasaban la cuarentena. En 2017, los que entran en los modernos lazaretos no llegan en barco, sino en patera o en una lancha neumática, a veces casi de juguete.

    De hecho, la mayoría de las personas retenidas en los CIE (85%) lo fue por un expediente de devolución, es decir, fueron interceptados cuando entraban en España de forma ilegal (83%). Pasaron, en su mayoría (80% del total), directamente de la patera al CIE. “Ninguno de los que vinieron en patera ha visto las calles, ni siquiera saben cómo son. Es duro. Hay chicos que aún no han contactado con sus familias. A veces, la gente pierde la esperanza”, cuenta otro interno en las instalaciones de Aluche.

    Gráfico del número internos por motivo de ingreso ligado a la devolución./ SMJ con datos del Ministerio del Interior
    [Gráfico del número internos por motivo de ingreso ligado a la devolución./ SMJ con datos del Ministerio del Interior]

    Son muchos menos los recluidos a causa de un expediente de expulsión por estancia irregular en España (9,4%), es decir, los que ya llevan aquí un tiempo. A veces décadas. Es el caso de Fátima, una marroquí de 27 años que vivía desde los tres en España y, tras pasar por el CIE, fue expulsada y separada de su hijo, nacido a este lado de la frontera: “El día que entras en el CIE sientes que eres persona con todos los derechos que tiene cualquier ser humano en un país de la UE. Pero no. Entras y te conviertes en un títere. Luego empiezas a pensar que un juez está a punto de destrozarte la vida. Ninguno de los que han tenido mi caso en su mesa han tenido un poco de amor no para pensar en mí, sino en que mi hijo se queda en un país y a su madre lo mandan a otro”.

    Cierran la lista de internos los inmigrantes retenidos allí por haber cometido un delito o infracción o por sustitución de pena (4,7%). Y es que los CIE, según señala el citado informe, han consolidado este año la tendencia de los últimos tiempos: son “herramientas al servicio de la lucha contra la inmigración irregular” para “garantizar la rápida repatriación con las menores garantías”.

    Su eficacia en estos procesos de repatriación ‘rápida’, sin embargo, es limitada. Prueba de ello es que por mucho que la legislación asegure que estos centros no penitenciarios están “destinados a la custodia preventiva y cautelar de extranjeros para garantizar su expulsión, devolución o regreso”, un 61,98% de los inmigrantes que salieron el pasado año de ellos fueron puestos en libertad. Es decir, los 26,63 días que, de media, pasaron encerrados (el máximo son 60 días) no sirvieron para proceder a su salida de España. ¿Cuál es su función, entonces? Se trata de lanzar más bien un mensaje de seguridad a la población española, “para que la opinión pública sienta que se controlan las fronteras”, interpreta el informe.

    “Me levanto todos los días para no hacer nada, no hay un sitio donde leer, no nos dejan usar los móviles por la mañana, las ventanas están tapadas y no hay luz natural, no sabemos si hace sol o llueve. Las horas son eternas “, prosigue Eron. El SJM visitó en 2017 a 674 personas de cinco de los ocho CIE que existen en España. Ve deficiencias “en el servicio médico, la disponibilidad de intérprete, la defensa jurídica”, así como situaciones de vulnerabilidad: “Minoría de edad, problemas de salud física o mental, deficiente comprensión de su situación jurídica…”.

    Gráfico con las nacionalidades de los internos.

    [Gráfico con las nacionalidades de los internos./ SMJ con datos del Ministerio del Interior]

    Los CIE son “zonas grises” que se caracterizan “por la opacidad y la impunidad policial, con condiciones de vida deficitarias, que incumplen incluso su propio reglamento de funcionamiento”, según afirma Mª Carmen de la Fuente, vicepresidenta del SJM. De la Fuente cita como ejemplo los sucesos de finales del pasado año en las instalaciones del proyecto del centro penitenciario de Archidona (Málaga), que se usó, “en fraude de ley” para internar a 577 personas recién desembarcadas en la Frontera Sur. Allí se suicidó uno de los internos, Mohamed Bouderbala.

    “Reclamamos el cierre de los CIE y el desarrollo de alternativas a la detención, como la inversión en centros abiertos de estancia temporal”, apunta De la Fuente. Una meta difícil cuando “ningún Gobierno europeo se plantea el tema de la detención; esto va a peor”, según explica José Ignacio García, director regional del Servicio Jesuita a Refugiados (SJR). Mientras, su organización exige al nuevo ministro de Interior Español, Fernando Grande Marlaska, al menos, “unas condiciones dignas”.

    Su relato se suma a las preocupaciones que revelan algunos de los autos de los jueces de control de los CIE. El de Aluche, Ramiro García de Dios, habla del “encierro en establecimientos de peores condiciones materiales que las prisiones “, y pide “el cierre de esta barbarie”. Por su parte, el Defensor del Pueblo ha dictado recomendaciones en torno a la necesidad de reformar o clausurar (en el caso del CIE de Barranco Seco, en Las Palmas) algunos centros, limitar el número de internos por habitación, contar con personal de enfermería las 24 horas o facilitar la información en varios idiomas. Ha denunciado además deficiencias en la asistencia social y jurídica, con limitaciones a las ONG que, como el SMJ, acuden a visitarlos, un acompañamiento esencial para prevenir violaciones de los derechos humanos y dar curso a sus quejas. También para que se conozca fuera qué sucede en esas “zonas grises” del sistema.

    “Los internos querían que contáramos su historia. Nos dicen que en los muros del CIE sus voces no encuentran más que su propio eco”, dice Marta Sánchez-Briñas, abogada de SJM. Y sigue ella haciendo que la voz de Eron resuene fuera de esos muros: “Tengo miedo a esta cárcel, pero quizá salir signifique la deportación”. Resuena también la historia del hombre ciego que, en el CIE de Barcelona, tenía que ir siempre acompañado por otro interno, al patio, al comedor, al lavabo. La del chaval marroquí que llegó en los bajos de un camión y que, a pesar del documento oficial que demostraba su minoría de edad, fue sometido a varias pruebas para determinar ese dato y afrontó el anuncio de un vuelo de expulsión. O la de la chica de Guinea Conakry, a todas luces menor y posible víctima de la trata (entre otros indicios, no había sufragado su viaje), a la que nadie quiso hacer esas mismas pruebas. O la del hombre al que se le negó el tratamiento psiquiátrico, a pesar de que se autolesionó al entrar y había informes que señalaban su internamiento previo en un centro psiquiátrico.

    Salvo este último, que volvió a Argentina, donde no tenía ya a nadie (su familia residía en España), todos ellos fueron puestos en libertad tras pasar por un CIE. Si se tiene en cuenta la eficacia de los CIE (61,98% de los recluidos salen en libertad), la relativa arbitrariedad de los internamientos (se interna sólo a una cuarta parte de los que entran en España de forma ilegal, 28.572 personas en 2017) y el sufrimiento que generan, al “¿por qué?” que lanzaba Eron cabe añadirle otra pregunta: ¿para qué?

    * Los nombres de los internos son ficticios.

    Publicado en Cuarto Poder el 9 de junio de 2018.

    Comisión del Alvia: el PSOE aparca la petición de las víctimas de intervenir después de los políticos

    Las víctimas del accidente que el 24 de julio de 2013 se llevó por delante la vida de 80 personas en Angrois (Santiago) lo llaman, parafraseando a un periodista, “el pacto de la curva”. Esto es, PSOE Y PP. Durante años, el bloqueo de ambos grupos impidió la apertura de una Comisión de Investigación, y sólo el cambio de criterio de los socialistas permitió que, el pasado septiembre, el Congreso la aprobara.

    Fue el ministro socialista José Blanco quien inauguró la línea de AVE Ourense-Santiago y la popular Ana Pastor la que puso en servicio los trenes Alvia híbridos. Ambos comparecerán ante la comisión, pero lo harán, según se ha acordado esta semana, en último lugar, en contra de lo que piden los afectados y suscribían Unidos Podemos-En Marea y Ciudadanos. La comisión decidió este jueves el orden de intervenciones esquivando la exigencia de las víctimas de cerrar la comisión: serán ellas las primeras, a finales de este mes, las seguirán los técnicos y, por último, llegarán los políticos. Hay, sin embargo, una puerta abierta a satisfacer esta petición, cuya llave tiene el PSOE.

    “Para nosotros es importante, porque quien cierre la comisión tendrá más voz. Los políticos lo saben. Después de escuchar a todos, ellos podrán contestar con sus argumentaciones. Después de tanta lucha, cuando nosotros somos los que más hemos investigado, se trata de un pequeño gesto. Estamos muy dolidos”, explica Jesús Domínguez, que viajaba en aquel tren, preside la Plataforma de Víctimas del Alvia 04155 y abrirá las comparecencias. ”La posición del PP en este tema es coherente con la que siempre han mantenido; la actitud del PSOE, hipócrita. Hay un pacto claro entre ellos, porque ambos tienen responsabilidad política”.

    El jueves, en la Comisión, los representantes de En Marea defendieron que se hiciese ese pequeño gesto, que contaba ya con el apoyo de Ciudadanos y la oposición del PP y por tanto sólo necesitaba el sí del PSOE para salir adelante. Su propuesta, sin embargo, no llegó a formar parte de la votación: “Si se hacía en ese momento, el PSOE anunció que votaría en contra, aunque plantearon que nos volviéramos a reunir y valorarlo a lo largo de la comisión”, explica Alexandra Fernández, vocal de En Marea.

    “Ya tenemos mucha calle y mucha experiencia, y no nos basta un ‘ya veremos’. Queremos un compromiso”, recalca Domínguez.  “Lo que se hizo el jueves fue aprobar lo acordado anteriormente por la comisión. Se consideró que no era momento de cambiar ese acuerdo, pero el PSOE por supuesto que lo va a valorar”, justifica Odón Elorza, vocal socialista.

    “Nosotros vamos a insistir. Nos parece imprescindible, no sólo porque sea una demanda de las víctimas, sino porque es más útil para la comisión”, concluye Alexandra Fernández. “Es justo que puedan evaluar si entienden que esto ha servido para algo”, añade.

    Honduras, entre las acusaciones de fraude electoral y la violencia: “El muchacho tenía un tiro en el pecho”

    .
    Se llama Ashly —su nombre real es lo de menos— y vive en el Sector Ribera Hernández, de San Pedro Sula (Honduras). Está indignada por el fraude electoral que a su juicio ha cometido su actual presidente, Juan Orlando Hernández (conocido en el país como JOH), que se presentaba a la reelección tras un polémico proceso en el Tribunal Supremo. Desde el 26 de noviembre, fecha de las elecciones, ha habido protestas y, al menos, 18 víctimas. En su barrio, cuenta Ashly con tristeza, hace dos días las fuerzas de seguridad mataron a un muchacho. El informe forense dictaminó que la muerte se produjo por un golpe en la cabeza: él, según explica Ashly, tenía un agujero de bala en el pecho. Es lo que se dice en el barrio —lo vieron algunos de sus vecinos— y lo que parece corroborar un vídeo que circula por las redes.
    El Tribunal Supremo Electoral del país ha dado esta semana por cerradas las elecciones del 26 de noviembre, y ha declarado ganadorHernández con el 42,95% de los votos, frente al 41,42% de Salvador Nasralla. Eso tras casi un mes de cortes de carreteras y manifestaciones, violentas o pacíficas según quien las retrate. La OEA se ha pronunciado a favor de una repetición electoral, puesto que “el proceso electoral estuvo caracterizado por irregularidades y deficiencias cuya entidad permite calificarlo como de muy baja calidad técnica y carente de integridad. [...] El único camino posible para que el vencedor sea el pueblo de Honduras es un nuevo llamado a elecciones generales”, según señala en un comunicado. Por su parte, la Misión de Observación Electoral de la Unión Europea Honduras 2017, a la espera de su informe final, se ha mostrado más proclive a avalar la labor del Tribunal y el resultado.
    Mientras, en la calle, continúan las protestas y el miedo. Ayer Ashly salió de su casa para acompañar a dos miembros de una ONG europea a visitar un centro en otro barrio cercano. Las entradas estaban tomadas por las maras: ellos tuvieron que regresar a sus casas. Las manifestaciones, según la oposición, son pacíficas, pero en los barrios más pobres —así lo explica uno de estos cooperantes— los indignados son mareros, que ya de por sí son muy violentos.
    Ashly está muy asustada. Teme una represión más cruenta por parte del ejército. Aun así, mantiene su esperanza: “No sé cómo acabará esto, pero al final triunfarán la verdad y la justicia”.

    “No es una utopía: la solución para los ’sin techo’ es darles una casa”

    Pepe tiene 33 años. Llevaba más de una década en la calle. Hasta 2014, cuando entró en el proyecto Hábitat y le dieron una casa. Su casa. Para siempre y sin condiciones

    Foto: Jorge Álvaro Manzano / El Confidencial

    Foto: Jorge Álvaro Manzano / El Confidencial

    Pepe es, desde el invierno de 2014, el inquilino del bajo 2.

    “El ruido del silencio”, describe Pepe, como un poeta. Es la sensación más poderosa que recuerda de los primeros días que durmió en esta casa que le ha cambiado la vida. El ruido del silencio en el hogar propio, donde a pesar de que aquí ya no hay frío, ni rechazo, ni angustia por quién vendrá y qué me hará, el silencio, tan distinto al de las noches en la calle, “agobia”. Pesa. Y esos primeros días que Pepe pasó en la casa que le ha cambiado la vida, en su casa, ese silencio era tan atronador que Pepe abría la puerta y escapaba a la calle. Para volver a casa, a su casa, siempre. Desde noviembre de 2014 hasta hoy. Porque Pepe es consciente de que con esta casa le ha tocado la lotería. Antes, dormía en la calle, ocho, diez días sin comer, ocho, diez días durmiendo tres horas, tirado, hasta que el cuerpo no podía más y acudía a un albergue “de baja exigencia”, de esos que no piden requisitos que alguien que lleva años viviendo en la calle no puede cumplir. Luego, salía, y la rueda del hambre, del miedo, del frío, volvía a ponerse en marcha. Hasta que, en noviembre de 2014, Rais Fundación le entregó una de las casas de su proyecto Hábitat.

    [Hábitat es una iniciativa de Rais Fundación que utiliza la metodología Housing First, que se basa en abordar el 'sinhogarismo' desde una perspectiva nueva: ofreciendo una casa propia a los desahuciados de entre los desahuciados. De por vida y sin condiciones, salvo por cuatro compromisos: aceptar una visita semanal del equipo, aportar un 30% de los ingresos, si los hay, mantener las reglas básicas de convivencia con los vecinos y una entrevista semestral de evaluación. Si en España hay entre 23.000 (INE) y 35.000 (diversas fuentes, incluida Cáritas) personas sin hogar, el director de Rais, José Manuel Caballol, estima en 8.000 o 9.000 los que quedan fuera de los recursos habituales del modelo tradicional "en escalera", que se fundamenta en ir concediendo beneficios (de la calle, al albergue; del albergue, al centro de noche; del centro, a una pensión...) a medida que el 'sin techo' cumple una serie de objetivos, como no consumir drogas, cumplimentar ciertos trámites, seguir tratamientos, etc. "La primera crítica a ese modelo en escalera es que nadie puede decir qué consigue, porque no se evalúa. Y, funcione como funcione, sabemos que deja fuera a 8.000 o 9.000 personas, a las que Housing First sí logra sacar de la calle. Se ha hecho en Estados Unidos, en Europa, a través de un proyecto de la Comisión Europea, y ahora mismo no puedo decir ningún país europeo en el que no se aplique. Da resultados incontestables: entre el 85% y el 95% de los beneficiarios de una de estas casas, al cabo de cinco años, sigue manteniéndola. Housing First es un método que directamente soluciona el problema del 'sinhogarismo', no lo gestiona, no lo remueve, no pone a la gente en sitios de los que termina siendo expulsada para luego volver, para luego recaer", narra Caballol, que explica: "Funciona mejor con quien está peor. Intuimos que en personas que no están tan mal, genera una cierta institucionalización, una acomodación que dificulta que den pasos adelante. Pero si estás absolutamente tirado en la calle, tienes la máxima libertad y recuperas la energía para hacer cambios en tu vida". En el caso de Hábitat, se dirige a personas que, además de la exclusión (la media de estancia en la calle es de más de nueve años) sufren un problema de salud mental, de adicción o una discapacidad].

    A los 22 años (hoy tiene 33), Pepe tuvo “un accidente de metro”. Es lo único que cuenta escuetamente. Antes del accidente que le dejó en silla de ruedas, sin un brazo y una pierna, él ya había estado en la calle. Consumía heroína cocaína. Vivió con sus padres, con su pareja, y, casi siempre, sin techo y sin compañía alguna. No recuerda la primera noche que pasó al raso, pero sí la primera que estuvo sereno: “Te asustas, te sientes solo. De repente de das el hostiazo de ver cómo has acabado”. A punto estuvo de no entrar en Hábitat: “La asistente social de uno de los albergues me dijo que rellenase unos papeles, que me podían dar una casa. Y yo creía que era mentira. Que me estaba vacilando. La última entrevista con los de la fundación me la retrasaron, y yo le dije que no esperaba, que no aguantaba más. Llevaba diez días sin aparecer por el albergue porque tenía algo de dinero y estaba consumiendo. Hablando claramente: me iba porque necesitaba comprar. Pero me convenció y esperé. Y los de Rais vinieron con una sonrisa a decirme que me habían dado el piso”, narra.

    “Esto fue un viernes, y entré un lunes, pero tardé un mes en creérmelo. Cualquier día me cogen y me dicen ‘a la calle’, pensaba. Estaba siempre esperando que me empezaran a exigir cosas, que me dijeran que tenía que ir no sé dónde, o que no podía consumir… Pensaba que tenía trampa. Pero un año y dos meses después, parece que no”. Parece que no, y ahí está Pepe, el inquilino del bajo 2, en su casa de Madrid, con su salón con mesa y sofá, su cocina americana, su tendedero, su cuarto con su cama y su baño con su pastilla de jabón y su humilde cepillo de uñas. Todo tan sencillo y, antes, tan inalcanzable.

    Pepe lleva más de un año en su nueva casa, en Madrid. (Foto: Jorge Álvaro Manzano)Pepe lleva más de un año en su nueva casa, en Madrid. (Foto: Jorge Álvaro Manzano / El Confidencial)

    [Hay 38 casas como la de Pepe en Madrid, Barcelona y Málaga, ocupadas por un (ex) 'sin techo'. Las de Madrid son viviendas públicas, de las que Rais paga un alquiler de dos euros el metro cuadrado. Las de Barcelona, alquiladas, aunque con apoyo del ayuntamiento. Las de Málaga surgen de ambos modelos. El coste medio es de 34 euros al día, igual o menor que los de los recursos ya existentes. Menores, desde luego, de los 39 euros que cuesta una butaca, una sopa y un bocadillo en uno de los albergues de baja exigencia. El Ministerio de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad apuesta por Housing First como uno de los pilares de su Estrategia Integral para Personas Sin Hogar, la primera de nuestro país, con una inversión, desde 2013 hasta este 2016, de 1,1 millones de euros. "Finlandia ha gastado 60 millones de euros en cinco años, y ha renovado por otro tanto. Por ahora ha reducido a la mitad el número de sin techo. El presupuesto del Ayuntamiento de Madrid para personas sin hogar, por poner un ejemplo, ha sido también de 60 millones en cinco años y lo que dicen los recuentos es que hay más personas durmiendo en las calles. Si no empezamos a poner esos 34 euros al día, vamos a seguir poniendo los 39, pero cada vez para más gente", detalla Caballol. Y añade: "A veces se escucha esos argumentos de 'y por qué les van a dar una vivienda pública a ellos y no a mi hijo'... Pues porque las políticas de vivienda no pueden excluir precisamente a los que tienen más problemas"].

    En la nevera de Pepe hay unos callos congelados, ‘herencia’ de los días que pasó estas Navidades con su familia, después de tres años sin verse. Sin Hábitat, quizá no lo hubieran hecho nunca. Pudo morir en la calle, aunque lo cuente de pasada, el día que le prendieron fuego: “Cada noche, sabes que te acuestas, pero no si te vas a levantar. Por el frío o porque te hagan algo. A mí me han agredido, me han prendido fuego. La gente pasa, ve que te están insultando y pegando y no hace nada. Yo no soy miedoso, pero en la calle se pasa miedo, y te pasan cosas que no deberían pasarle ni a ningún ser humano ni a ningún animal”. Pudo también morir en un albergue: “El invierno antes de entrar aquí estuve de ingreso en ingreso. Dos meses en el Gregorio Marañón, otra vez en la calle; un mes en la Jiménez Díaz, de vuelta al Gregorio… Tuve una infección en los pulmones y otra en el corazón. La última vez que me dieron el alta me dijeron que tenía que ir a un albergue y que aun así no me daban posibilidades de vida”.

    [Las ventajas del modelo no sólo se miden en el número de personas que dejan la calle: cuentan los días que comen, o que no (antes de entrar en Hábitat, un 53% de los participantes ha dejado de comer algún día en la última semana, frente al 14% a los seis meses); cuentan las relaciones (3% frente a 28% de los que han visto a su familia en el último mes); cuenta la calidad de vida (medida con el índice QOLI); cuenta la posibilidad de estar empadronado y, por ejemplo, cobrar una renta o tener una tarjeta sanitaria; cuentan las adicciones (reducción del 32% al 22% entre quienes han consumido en el último mes); cuentan las intervenciones en urgencias, que se reducen frente a las visitas al médico de cabecera; cuenta la seguridad y cuenta, al fin, la vida: "Las personas sin hogar tienen una esperanza de vida 20 años menor que la población. Este no es un problema de 'qué pena que pasen frío'. No: es un problema de vida o muerte. O por las malas condiciones o por agresiones, al año mueren en la calle 70 personas", señala el responsable de Rais Fundación, que mantiene una observatorio -Hatento- sobre estos delitos].

    Desde que está en esta casa, en su casa, Pepe no ha tenido un ingreso. “Ni he ido al médico de cabecera”, sonríe. Va a por sus medicamentos, y basta. La droga ha pasado “de todos los días, cantidades inmensas” a “cuatro ocasiones en cuatro meses”. Ha pasado de sentir “rechazos, rechazos y más rechazos” porque en la calle “no te puedes fiar ni de tu sombra, ni de ti mismo, porque también te engañas” a tener que tranquilizar a sus vecinos, que se preocuparon al no verle los días de Navidad. De echarse a dormir pensando cada vez “¿me levantaré?; ¿comeré?, ¿tendré para drogarme?, ¿me robarán lo que tengo?” a amanecer a las 7 o las 8 para tomar su medicación y un café, hacer la compra o trámites, bajar con los chicos del barrio a la plaza. De llevar la vida en una mochila y sentir -lo repite mucho- vergüenza, una vergüenza que imposibilita todo (“¡Hasta pedir la pensión que te corresponde! ¿Cómo voy a ir a hacer los papeles si me estoy dando vergüenza de mí mismo?) a mirar, como lo hace, a los ojos.

    Pepe describe con sencillez la caída hacia la nada: “No tienes la higiene que debes, al no tenerla, no tienes la autoestima ni valoras las cosas, no tienes la alimentación, no tienes la fuerza…”. También la imposibilidad de muchos para adaptarse al modelo tradicional de ‘escalada’, el de la escalera: “Te piden un montón de requisitos, y de golpe. De estar en la calle, de no tener nada, de no tener ningún control, a todo. Un horario estricto, unos papeles, un tratamiento… Si es que en la calle estás sin DNI y sabes que eso te va a llevar a una vez por semana a comisaría, y ni eso puedes solucionarlo. No tienes esa capacidad. No puedes”. Y también, lo que supone Hábitat: “Te dicen que es tu casa. Que es algo tuyo. Te dicen: eres un hombre, no un niño, y vas a gestionar tu casa, tu vida. Te vamos a dar una oportunidad de verdad, no te vamos a vender la moto”. David Fortuño, el técnico de Rais Fundación que lo va a ver cada semana o, mejor dicho, David Fortuño, su amigo, suscribe: “Esta forma de funcionar demuestra que no es la gente la que fracasa. Las personas que entran en Hábitat no se han podido adaptar a los centros tradicionales, ni estos a sus circunstancias. Allí todo es ‘tienes que, tienes, tienes, tienes. A todos nos cuesta remontar, pero si a eso le añades no tener casa, no poder descansar, no tener higiene, no estar tranquilo, ni seguro, no alimentarte… Aquí hemos comprobado que sólo por dar una casa y dar normalidad a una vida, empiezan a dar pasos”

    Pepe y el técnico de Rais Fundación, David Fortuño. (Foto: Jorge Álvaro Manzano)

    Pepe y el técnico de Rais Fundación, David Fortuño. (Foto: Jorge Álvaro Manzano ( El Confidencial)

    ["Hasta el momento se trabajaba con la gente sin hogar en otros aspectos, y la vivienda era el final. Muy pocos llegaban a ella. Por eso Hábitat nos pareció sumamente interesante, aunque también arriesgado, porque nosotros tenemos en cuenta también el vecindario. Y sólo en un porcentaje muy reducido, la adaptación de estas personas ha sido problemática", relata Francisca Martínez Castro, Jefa del Departamento de Intervención Social de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo de Madrid, que cede en régimen de alquiler una veintena de casas en la capital para Hábitat. Están "muy satisfechos", aunque a buen seguro no tanto como Marga Plaza, impulsora desde Cruz Roja en Baleares de otra experiencia de Housing First, esta con dos personas desde 2014: "Llevamos mucho tiempo trabajando con gente sin hogar, y sabemos que cuesta mucho ver cambios. Y con este proyecto estamos viendo que dan pasos agigantados". La iniciativa de Rais Fundación ha nacido como un proyecto piloto, con la vocación de evaluar los resultados (de hecho, se hace seguimiento también a un grupo de control que sigue el modelo tradicional para hacer comparaciones) e ir más allá: llegar a las cien casas, cien personas fuera de las calles, en 2016, y ampliarlo a todas las necesarias -esas 8.000 o 9.000- en unos años: "Con eso, se podría solucionar el problema de las personas sin hogar en este país. No es una utopía", señala Caballol]

    Pepe planea tener una barbacoa para este verano. Ha cumplido un sueño -de esos que en la calle es mejor no tener, porque “ves que no los consigues y vas a peor”-, el de volver a tratar con su familia. Tiene otros. Dejar la droga, aunque no ahora, tajantemente: “Cuando lo haga, quiero que sea para siempre”. Un trabajo (fue oficial de primera en la construcción, mecánico de motos, vendedor de la ONCE): “En cualquier cosa que pueda desempeñar. Por tener algo que hacer todos los días. Por poder decir: tengo fuerza de voluntad. Eso te hace sentir útil”. Todos estos sueños se abren paso porque ya cuenta con lo más importante: “En la calle tienes sólo el día a día, el minuto a minuto, pero para empezar a tenerte a ti mismo en cuenta necesitas algo a lo que agarrarte. Y la casa es ese algo”. Pepe, inquilino desde 2014 del bajo 2, sonríe.

    Publicado en El Confidencial el 28 de febrero de 2016.

    “Sin prevención en España, seguirá habiendo viajes de los que una niña vuelva mutilada”

    Hodan sabe bien lo que es la mutilación genital femenina. La conoció de niña en su país, Somalia, y hoy lucha contra ella desde España, como mediadora de Médicos del Mundo con mujeres en riesgo

    Empecemos por un cuento triste. Una mujer, con la que Hodan Sulaman -mediadora de Médicos del Mundo en el tema de la mutilación genital femenina, en Parla (Madrid)- había hecho un taller hacía tiempo, la llamó y fue a su casa. Le pidió perdón. “¿Perdón por qué?”, le respondió Hodan. “Porque no te hice caso. Porque me dijeron que te habías vuelto como las blancas y que no te hiciera caso”. Aquella mujer que no había hecho caso a Hodan se había casado infibulada, esto es, habiendo sufrido la forma más terrible de ablación, la de tipo III, que consiste en la eliminación del clítoris y el estrechamiento al mínimo de la abertura vaginal -”te cosen, te quitan todo”, resume gráficamente Hodan-. Había quedado embarazada tras escenas dignas no de un cuento triste, sino de una pesadilla brutal. A tres meses de la fecha parto, sin haberse hecho una revisión -a una mujer infibulada es más que posible que no se le puedan hacer más que ecografías externas- se le nubló la vista y cayó al suelo. Y ya en el hospital, cuando los doctores le explicaron que había tenido un aborto y que el niño, su diminuto cuerpo, no había podido salir por una abertura tan estrecha, se acordó de Hodan. De su taller y de quienes le dijeron que no le hiciera caso, que se había vuelto como las blancas.

    Esta historia triste no ha sucedido en uno de los 30 países del África Subsahariana y de Oriente Medio en los que todavía se realiza esta práctica. Ha sucedido en Europa, en el siglo XXI. Y sigue pasando, porque aun cuando esta mutilación sea delito -pena de prisión de 6 a 12 años e inhabilitación de la patria potestad-, la realidad es que mujeres y hombres que viven en Occidente vuelven a sus países de origen, donde la ablación es cultura, es familia, es tradición, y del viaje sus hijas vuelven mutiladas. O no vuelven, porque saben que aquí es delito, y porque algunos casos llegan a la fiscalía y a la prensa. Sucede en Europa porque mujeres como la que pedía perdón a Hodan no saben que la mutilación genital atenta contra la salud física y psicológica, contra la vida y contra los derechos de las mujeres, e ignoran que una ablación se puede revertir quirúrgicamente, que los genitales se pueden reconstruir, y que se hace en España. Ocurre todavía en esta Europa en la que una prostituta africana que trabaja en Madrid tiene aún tan poca información como para decirle a Hodan, esta misma semana: “¿El clítoris? No sé si lo tengo; nunca me lo he visto”. Este sábado, Día Internacional de la Tolerancia Cero con la Mutilación Genital Femenina, conviene recordar que afecta a 200 millones de mujeres y niñas en el mundo (las cifras son de Unicef), y que en España la población de riesgo es de 17.000, según estudios de la Fundación Wassu-UAB.

    Hodan Sulaman, mediadora de Médicos del Mundo en temas de Mutilación Genital Femenina. (Foto: Ana Goñi)

    Hodan Sulaman, mediadora de Médicos del Mundo en temas de Mutilación Genital Femenina. (Foto: Ana Goñi)

    ¿Por qué sigue sucediendo? Continuemos con otro cuento bárbaro. Tuvo lugar cuando Hodan era niña, antes de que viniera a España con su madre y dos hermanas huyendo de la guerra civil en su país, Somalia, en los 90. “No sabíamos por qué, pero de pronto desaparecía una niña, y luego otra. Un día, no vi a mi mejor amiga, Ayan, y fui a su casa a buscarla. La encontré en el suelo, tumbada en un camastro, atada con cuerdas a unos palos. ‘¿A qué juegas?’, le pregunté. ‘Dame agua’, me dijo. Y yo, que no sabía nada, se la di. Luego la llevé al baño, y el grito que pegó me hizo salir corriendo a mi casa. Ayan no volvió a correr, a saltar, a jugar conmigo. A partir del momento en que las mutilan, los hombres ya pueden casarse con ellas. Ya son mujeres, y no juegan como niñas. Teníamos unos siete años”.

    En Somalia, más de dos décadas después, aún no está prohibida la ablación. En muchos otros países sí, pero la ley no se aplica: “En algunas sociedades nos tienen tan poco valoradas que lo que le pase a una niña no importa nada“, explica Hodan. Así, la prevalencia en mujeres supera el 90% en Somalia y otros tres países; el 80% en cuatro estados y el 70% en otros tres. Y, como relata Edwig Ewlla, mediadora como Hodan de Médicos del Mundo, pero en Aragón, mujeres procedentes de esos países que viven aquí, en España, en Europa, la siguen defendiendo, porque aquí viven dependiendo de sus maridos, con una integración insuficiente, y se agarran a lo que tienen, a sus costumbres, a su cultura: “El riesgo es real. Si una mujer lo defiende va a querer lo mismo para sus hijas. Las leyes están muy bien, pero si no hay un trabajo preventivo por el que vean que su cultura es muy buena en muchas cosas, pero no en esto, seguirá habiendo viajes en que una niña vuelva mutilada”.

    Pero no todo son historias tristes. La madre de Hodan, que sí sufrió la ablación y sus consecuencias, no quiso que eso se lo hicieran a sus tres hijas. Le dijeron: “Tus hijas van a ser locas. Van a tener un hijo de cada color. Van a ser prostitutas”. Las repudiaron. Las dejaron, como explica Hodan, fuera de su propia sociedad. Pero no. Ni Hodan ni sus hermanas pasaron lo que pasó Ayan. “Mi madre conoce bien la religión, y sabía que eso no lo mandaba el Corán, como le contaban. Ella decía que era una cosa del diablo. Hemos tenido una madre que nos ha enseñado a gritar”, narra Hodan.

    A gritar y a luchar. Hoy, en Madrid, Hodan actúa como mediadora de Médicos del Mundo en España. Esta ong organiza talleres y charlas de prevención -en un lustro, han participado más de 1.700 madres y padres- y también cursos de formación para los profesionales que pueden actuar en el tema -1.200 sanitarios y 600 docentes-. Y cuenta con unas 25 mediadoras que, como Hodan, trabajan “de hermana a hermana” en la concienciación, sensibilización y prevención de las personas en riesgo. Cada jueves, se reúnen unas 15 o 20 mujeres en Parla, con ella. Hablan. Debaten. Unas siguen creyendo que el clítoris es malo, que es sucio, que puede dañar a sus hijos en el parto, cuando lo que daña es la mutilación. Otras ya no. Hodan es optimista: “Creo que un 95% de estas mujeres ya no tocaría a sus hijas. Están en camino de salvarse”. Este sábado, en Madrid, Hodan y sus mujeres de Parla gritarán contra la mutilación. En Guinea Bissau, donde trabaja Charlotte Alvarengo, experta en MGF de Plan Internacional, toda una comunidad, la de los Bidjini, declarará públicamente que abandona esa práctica. Este sábado, en España y en todo el planeta, todos estos cuentos tristes, todas estas pesadillas, estarán más cerca de un final alegre.

    Publicado en El Confidencial el 6 de febrero de 2016

    “Llevamos tiempo alertando de que el ISIS tiene un nuevo modus operandi en Europa, el que usa en Irak”

    “Europa tiene que ser consciente de que nos han declarado la guerra”, dice David de Caixal, director de la consultora en terrorismo y contraterrorismo Secindef.

    “Llevamos alertando desde hace semanas de este nuevo modus operandi que va a llevar a cabo el Estado Islámico en Europa. El yihadismo lo ha usado en Irak y en Israel, y desbarata las estrategias de seguridad que tenemos en Europa. Porque es muy difícil combatir este tipo de atentado”, señala después del salvaje ataque en Niza David de Caixal, director general en España de la consultora israelí-estadounidense en temas de terrorismo SECINDEF, que trabaja con las fuerzas de seguridad españolas. Para De Caixal, profesor también de Relaciones Internacionales en la Universidad de Nebrija, esta es la nueva estrategia del Estado Islámico: ”Desde que está perdiendo terrirorio en Siria (más del 20%) e Irak (40%), su respuesta es llevar a cabo cualquier tipo de atentado, cuantas más víctimas mejor y de una forma irregular, con un modus operandi que no entre en nuestro sistema de seguridad y que lo debilite. No van a repetir”.

    Se trata de “matar donde sea, contra quien sea y como sea, algo que sucede cada día en Irak e Israel: los ataques con vehículos lanzados contra la población, con apuñalamientos, disparando a las personas en la calle… Aquí no teníamos consciencia de ese tipo de atentados”.

    Para este experto, el problema es que este nuevo modus operandi en Europa incluye a ’lobos solitarios’ que nuchas veces “no estarán vinculados ni se habrán radicalizado directamente con el Estado Islámico. Son personas que simplemente seguirán las directrices del ISIS”. Estamos acostumbrados a pensar, según De Caixal, que los ataques vienen de perfiles radicalizados en Europa o de terroristas que proceden de los campos de batalla de Siria o Irak, pero “aunque es cierto que tenemos células terroristas en Europa, ahora el autor puede ser cualquiera en cualquier momento. Es lo que hemos visto en Niza”.

    De ahí, tal vez, el fracaso de las medidas de seguridad en Francia, que ya están siendo criticadas: “Las autoridades habían establecido medidas en la Eurocopa contra células yihadistas, para ataques biológicos, químicos o de cuatro o cinco terroristas con armas automáticas… Esto ha roto los esquemas completamente”, señala.

    El objetivo, Francia -el país de la Unión Europea más sacudido por este tipo de terrorismo en los últimos años- lo es ”por lo que representa Francia en sí y por lo que representa ese día, el 14 de julio, la libertad, la fraternidad y la igualdad. Lo que pretenden atacar y debilitar es el significado de Europa y de Occidente, de la democracia”.

    “Europa tiene que ser consciente de que estamos en una guerra. Y cuando sea consciente de que nos han declarado la guerra podremos combatirlo de una manera mucho mejor. ¿Cómo? En Irak se combate el terrorismo, pero en Siria no se ha hecho hasta el 30 de septiembre, cuando Rusia empezó a llevar a cabo ataques aéreos contra el terrorismo yihadista, atacando sus vías de comunicación y los canales de donde se extrae el petróleo”, resalta. Añade, además, la falta de “coordinación policial y de inteligencia a nivel europeo. No se comparte cierta información entre los Estados, como vimos en los fallos de seguridad en los atentados de Bruselas”.

    El objetivo también es Francia por su historia colonial, sobre todo en la África musulmana, en Marruecos, Túnez, Argelia, Líbano o Siria, donde aún mantiene intereses. “También hay que recordar que de los 1.800 perfiles yihadistas -vinculados al EI- que hay en Francia, 600 están combatiendo en Siria e Irak. Es uno de los países europeos donde más personas están combatiendo en las zonas de Oriente Medio”, comenta De Caixal, que recuerda que en Cataluña hay más de 9.800 perfiles que se relacionan con el yihadismo.

    Publicado en VP el 15 de julio de 2016.

    Del Unidos Podremos (1989) al “puedo prometer” (de Sánchez): vieja política para ¿nuevos? líderes

    “Amigos y amigas”. El ‘guiño’ tardío al lenguaje políticamente correcto con el que Mariano Rajoy encabeza sus discursos es una de sus pocas concesiones a la modernidad política. Bien, Rajoy nunca ha brillado excesivamente en márketing: basta recordar su famosa ‘niña’, que quedó inmortalizada en caricaturas y bromas viralizadas para el recuerdo como la‘niña de Rajoy’. Tampoco ha apelado nunca el presidente en funciones a la novedad, sino más bien a su querido “sentido común”. Sin embargo, de sus oponentes, esos que hablan de un tiempo nuevo en política, sí podría esperarse algo más rupturista. Pero no. La nueva política está echando mano de un diccionario de expresiones, figuras y eslóganes que llenaban las portadas de los periódicos (en papel) hace décadas. ¿Por qué?

    “Puedo prometer y prometo”

    Emulando a Adolfo Suárez, Pedro Sánchez se lanzó al ruedo de su acto de proclamación como candidato para el 26J con la famosa frase del primer presidente salido de las urnas que tuvo España después de la dictadura. Compartía escenario con Susana Díaz, y quizá de ahí vino la elección del modelo, un Suárez que puede llegar al imaginario alejado de extremismos y ligado al centro. “El PSOE ha pegado muchos bandazos, y necesita volver a situar su mensaje en el centro. Se busca un reposicionamiento”, señala José Luis Álvarez, profesor de liderazgo en INSEAD y autor del libro Los presidentes españoles (ed. Lid). El intento, según Álvarez, es que “se piense que hay equidistancia entre el PP y Podemos, y que no la representa Ciudadanos; es un intento de ocupar un espacio que C’s piensa que es su espacio natural”. De ahí el “puedo prometer y prometo decencia; puedo prometer y prometo diálogo; puedo prometer y prometo dedicación” de Sánchez.

    Sin embargo, aunque Díaz y otros barones vigilen cualquier escoramiento de Sánchez a la izquierda de Podemos, lo cierto es que buena parte de los votos socialistas se los está disputando al partido de Iglesias, entre un electorado joven y más de izquierda que de centro. “La clave está en que es una figura carismática. Es obvio que la mayoría de los menores de 35 no conocen su figura, pero les suena. Igual que los que somos de otras generaciones no hemos visto jugar a Zarra, pero sabemos que es carismático”, sostiene José Luis Sanchis, pionero de la consultoría política en España, director de más de un centenar de campañas electorales en todo el mundo y colaborador de Suárez en aquellas elecciones del “puedo prometer”, las de 1977. Para Sanchis esa reivindicación de Sánchez de la figura de Suárez obedece más a una búsqueda al “elector de centro y centro izquierda”, pero eso no quita que haya “entre 100.000 y 200.000 electores”, de izquierdas y de edad avanzada, para quienes Suárez sigue siendo un referente al que recuerdan “no tan de derechas”. Para Álvarez, en todo caso, “es muy tarde” para que el PSOE recupere el voto joven y de ciudad que se le ha ido a Podemos.

    En todo caso, la alusión de Sánchez a aquel “puedo prometer” es “poco original”, según Álvarez, y responde a que “algún asesor no tuvo un buen día”. Entre otras cosas, porque Suárez representa una “política predemocrática”, y el hecho de tomar su figura como modelo (por Sánchez y otros) “en una época de desprestigio de la política, es preocupante”: “Sería el equivalente a la figura de Trump en Estados Unidos. Se ensalza al que no es político”.

    #NosUneSuárez, ¿o nos separa?

    Pero la reivindicación del expresidente no viene sólo por el lado del PSOE. En aquel pacto entre Sánchez y Rivera, el cuadro elegido para escenificar la firma fue El Abrazo, de Juan Genovés, uno de los iconos de la Transición, y en Ciudadanos la referencia a Suárez es más que habitual. “No me puedo comparar con Suárez ni en broma, pero espero que haya coincidencias”, ha afirmado el líder naranja, aunque más bien parece que sí quiere que se haga esa comparación. El PP, por su parte, lanzaba poco después del discurso de Sánchez el hashtag #NosUneSuárez, y con él tuitearon y retuitearon varias de las formaciones populares, incluido el propio presidente.


    Para Sanchis, la apelación a su figura por parte del PSOE no tiene “ninguna lógica. Si hay un partido que lo atacó en su día fue el PSOE. ¿No recuerdan cuando lo llamaban ’tahúr del Misisipi’?”. Lo hizo Alfonso Guerra, aunque para Sanchis la pugna por el expresidente tiene más que ver con PP y Ciudadanos: “Su figura puede ser un argumento para decidir el voto de entre medio y un millón de electores, y eso puede llevar a ganar o perder unas elecciones”. “El PP utiliza a Suárez más como reacción que por iniciativa propia. Y Ciudadanos busca lo mismo que el PSOE”, añade Álvarez, “apropiarse del centro, aunque con una figura curiosa, que puede definirse como supra o infrademocrática, pero que desde luego no responde al momento actual”.

    Programa, programa, programa

    “Estamos en un momento de falta de ideología, y los partidos se tienen que agarrar a eslóganes y pequeños ‘trucos’ publicitarios”, sostiene Álvarez. “El PP, con Rajoy, no tiene ideología. El PSOE ha perdido el referente socialdemócrata. Ciudadanos es puro posicionamiento. Los únicos que la tienen, nos guste o no, son Podemos e Izquierda Unida, y por lo tanto son también los únicos que pueden apelar al programa”. Los líderes de estas formaciones ciertan, para este analista, en sus habituales referencias al machacón estribillo que durante tanto tiempo repitió Julio Anguita. Coincide Sanchis con Álvarez: “Aciertan en el fondo, porque IU y Podemos tienen una serie de valores muy determinados. Y en la forma, puesto que el ‘programa, programa, programa’ tuvo mucho éxito”.

    También acierta Unidos Podemos en el personaje, Anguita, de quien ya han confirmado que figurará, como símbolo, en el último lugar de su lista por Córdoba: “Tiene la pureza del perdedor. Y la imagen de quien siempre ha actuado de acuerdo con sus principios. Es una persona mesiánica, dogmática, ideológica: ofrece lo que la gente en una época de inseguridad necesita”. Hay cierta polarización, sin embargo, en Podemos respecto al histórico de IU: la transversalidad que predica Errejón parece alejada del hecho de “relanzar actores que hicieron un buen trabajo, pero cuyo momento histórico fue otro”, según señalaba recientemente un análisis en uno de los foros de Telegram próximos al dirigente.

    La ‘pinza’

    También a Anguita recuerda una de las expresiones rescatadas de la historia para el 26J: “la pinza”. El concepto, que atacaba a mediados de los 90 un supuesto acuerdo entre el PP e IU para echar a Felipe González, lo ha usado del PP -para criticar la ‘pinza’ entre PSOE y Ciudadanos-, el PSOE -sobre las coincidencias entre Rajoy e Iglesias-, Podemos -sobre la ‘gran coalición‘-… “Con estas expresiones lo que se intenta generar son respuestas automáticas no bien pensadas. Una salivación”, dice Álvarez. “Lo que ocurre es que ahora cuando juegan cuatro jugadores y ninguno es mayoritario, tiene que haber alianzas. Usar esa palabra lo que realmente significa es que los políticos españoles no están acostumbrados a las coaliciones; son ‘pinzas’, sí, pero forman parte del juego táctico normal cuando hay tantos jugadores. Es una simple campaña de publicidad negativa. Es como si pensaran que los españoles no están acostumbrados a esos juegos políticos multipartidistas”, señala.

    En el mismo sentido se manifiesta Sanchis: “La ‘pinza’ responde a la ley electoral, que dicta que será presidente el que consiga mayoría de diputados, no de electores. Y eso quiere decir que tiene que haber pinza”. Sanchis puso de moda otra expresión, la famosa ‘horquilla’ electoral, y sostiene que “cuando una palabra tiene fortuna, como la tuvo ‘casta’, sigue siendo valiosa”. Quién sabe, quizá en 20 años alguien vuelva a poner de moda la famosa ‘casta’ que tanto se escuchó en las primeras campañas de Podemos y hoy nadie nombra.

    ‘Unidos Podremos’

    No pasa de la anécdota, pero el nombre de la coalición elegido por Iglesias y Garzón, Unidos Podemos, tiene precedentes históricos. “Unidos podremos” fue, de hecho, el lema de una campaña elaborada por José Luis Sanchis para una campaña del presidente de Canarias Fernando Fernández a finales de los 80. “Era una época política muy parecida a la actual, en la que se necesitaba consenso”. A Sanchis el Unidos Podemos le parece “un buen eslogan, aunque su gestación ha sido un problema”, y se pregunta qué futuro tendrá, incluso en las papeletas. Por ahora, de hecho, el logo de Unidos Podemos no recoge ni su propia denominación.

    Pero el de Unidos Podremos no es el único antecedente. En 1982, el comunismo andaluz eligió un ”Juntos podemos”, que se saldó con un fracaso electoral (66 escaños del PSOE por 8 del PCE) del que el PCE hizo entonces una lectura clara: la de que el lema, al que se calificó de ambiguo, favoreció el voto útil al PSOE. Una lección de la que quizá deberían tomar nota en Unidos Podemos. Porque, como señala Sanchis, la política, “sus objetivos, medios y técnicas”, más allá de Internet, “es sustancialmente la misma que hace 25 años”.

    Publicado en VP el 22 de mayo de 2016

    La defensa contra la pena de muerte de Pablo Ibar ha costado más de un millón de euros públicos (y no basta)

    La pena de muerte está fuera del ordenamiento español, pero las arcas públicas sí se ocupan de ella: la defensa de Pablo Ibar ha contado, hasta hoy, con unos 1.100.000 euros en subvenciones. El juicio se repetirá, y aún se necesitan más de 500.000 euros.

    El infierno comenzó para Pablo Ibar en junio de 1994. El 26 de aquel mes, apareció un coche ardiendo en una carretera en Florida (EEUU). Pertenecía al dueño de un club nocturno, Casmir Sucharski, cuyo cuerpo fue hallado al día siguiente, junto a los de dos mujeres, Sharon Anderson y Marie Rodgers, en su casa. Les habían disparado. De una grabación de videovigilancia, se extrajo un retrato de los atacantes, y se detuvo a Ibar y a otro hombre. En el verano del año 2000 Ibar fue condenado a muerte. Luego llegó el grito diario de los guardias, los días intentando no pensar, los golpes en la puerta de la celda, demasiado pequeña, siempre demasiado pequeña para quienes están “encerrados sólo a la espera de la muerte”.

    También llegó la batalla legal, que dura hasta hoy. El último capítulo, hasta la fecha, lo ha dictado el Tribunal Supremo, que ha desestimado un recurso de la fiscalía contra la anulación, el pasado febrero, de su condena, por la defensa “deficiente” que ejerció en su caso el abogado de oficio. En 15 días Ibar podrá salir del corredor de la muerte, pero no de las sombras de una pesadilla en la que siempre se ha declarado inocente: vuelve al “minuto cero” del caso, como señala Andrés Krakenberger, portavoz de la Asociación contra la Pena de Muerte Pablo Ibar. Vuelve al mismo tribunal de Florida que lo condenó a muerte, y vuelve a luchar contra la acusación por el asesinato de Sucharski, Anderson y Rodgers.

    La situación, sin embargo, es hoy distinta. La defensa de Ibar no la lleva un abogado de oficio que, aun bregado en penas de muerte, sufrió mientras atendía problemas de salud y una detención por agredir a una mujer (“no estaba ni para llevar una multa de tráfico”, dice Krakenberger). Habrá pruebas periciales (178.000 euros), habrá un equipo de defensa formado por tres letrados, dos de ellos expertos en jurados y un tercero, Benjamin Waxman, que se conoce los vericuetos del caso. En total, el presupuesto es, al cambio, de cerca de 1.158.000 euros, de los que la familia ha pagado cerca de la mitad. Ello gracias, en buena parte, a las subvenciones públicas que, desde 2006, han costeado en parte su lucha contra la condena.

    “En cuanto al apoyo consular, no hay ninguna queja. Siempre que el consulado ha sido necesario, ha actuado. Pero hemos manejado unos presupuestos que están muy por encima de los de una familia normal. Y hemos tenido que batallar por conseguir apoyos económicos tanto en el Congreso como en el Parlamento Vasco“, señala Krakenberger. La primera apelación al Tribunal Supremo, realizada en 2000 y fallada en 2006, no prosperó. Costó 350.000 dólares, que consiguió la familia “vendiendo camisetas, póster, chapas… Como hormiguitas”. Aquello, sin embargo, era inasumible, e intentaron lograr partidas presupuestarias, que finalmente llegaron para todos aquellos ciudadanos españoles que afronten una posible pena de muerte y siempre ligadas a que se destinen íntegramente a las defensas legales.

    En 2007, el País Vasco les concedió la primera, de 100.000 euros (al año), que ascendieron a 125.000 en los primeros tiempos del Gobierno de Patxi López. Llegó la crisis, y se quedó en 50.000, aunque el Gobierno de Íñigo Urkullu está estudiando ampliarla en este “momento estratégico” de la defensa de Ibar. En 2009 llegó la estatal, que ha rondando desde entonces los 30.000 euros (el máximo para estas subvenciones). La diputación de Guipúzcoa se sumó también con 10.000 euros, reducidos también con la crisis a 8.000. En total, las subvenciones con coste a las arcas públicas del caso Pablo Ibar han sumado, desde 2006 hasta este año, 1.100.000 euros. El Gobierno vasco ha aportado la mayor parte de los fondos; el Estado, unos 250.000 euros.

    La orden ministerial con la que se concreta la subvención estatal recuerda la necesaria defensa jurídica de los españoles en el extranjero y menciona “la muy elevada cuantía del coste de una defensa jurídica de calidad en un procedimiento de esta índole”. Establece una excepción al principio general de que no se den subvenciones para los españoles que puedan acudir al turno de oficio en el país en el que afronten esta condena: “No debe aplicarse de forma absoluta”, reza, dada la “excepcionalidad de la pena de muerte, no prevista en nuestro ordenamiento y cuya abolición universal es uno de los objetivos expresos de la política exterior del gobierno”. “¿Por qué no acude a la justicia gratuita?, se podría argumentar en el caso de Pablo. Es que él ya acudió. Es que su primer abogado fue de oficio”, afirman en la asociación que lleva el nombre de Ibar.

    Para afrontar el nuevo juicio, a la familia le quedan por conseguir unos 570.000 euros. “Nos vamos a patear todas las instituciones, ayuntamientos y gobiernos autónomos, y acudiremos al Gobierno, cuando deje de estar en funciones”. Ya han visitado a la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, al lehendakari, Íñigo Urkullu, al viceconsejero de Justicia de la Comunidad de Madrid… “Hay voluntad política”, sostiene Krakenberger, que aunque entiende que “el resultado sólo puede ser uno”, la libertad de Ibar, advierte de que “no se puede bajar la guardia. Se enfrenta a otra posible condena de muerte”. Ibar lleva casi 22 años entre rejas, 16 de ellos a la espera de la muerte. O de la esperanza.

    Publicado en VP el 21 de mayo de 2016