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Del CETI de Ceuta a la Liga Nacional Juvenil de fútbol

Tiene 18 años. Sueña con dedicarse al fútbol. Tiene un ídolo, el mismo de tantos chavales españoles, de nombre Andrés y de apellido, Iniesta. Ha empezado a entrenar con el club Sociedad Deportiva Unión África Ceutí, y pronto, espera, podrá jugar con sus compañeros en la Liga Nacional Juvenil. Hasta aquí, nada fuera de lo corriente. Sí lo es, sin embargo, que para uno de sus primeros entrenamientos, esta misma semana, le tuvieran que dejar las zapatillas con tacos y unos pantalones. O que, cuando llegue a la Liga Nacional Juvenil, pueda sólo jugar los partidos ‘en casa’, en Ceuta. Y es que este chaval que sueña con el fútbol y tiene por héroe a Andrés Iniesta no puede abandonar la ciudad. Se llama Djelo Keita, y es uno de los inmigrantes del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) de Ceuta, el último bastión -junto a Melilla- de la frontera sur de Europa, la de la tragedia de El Tarajal, la de la polémica.

Se llama Djelo Keita, sí, nació en Mali y llegó en septiembre al CETI. No quiere contar más sobre su vida, sobre su camino hacia Europa o sobre lo que lo ha traído hasta aquí. El pasado lunes participó en una de las actividades del proyecto Un deporte, dos horizontes, del CETI de la ciudad autónoma y de Cruz Roja, ideado por el técnico deportivo dentro del centro, Abel Fernández, que pertenece también a Cruz Roja. El proyecto nace con la intención “de que los chicos vean la realidad de los residentes del CETI. No se les habla de ello, ni de los porqués, sólo del tema deportivo. Porque no valoran, no valoramos, lo bien que están aquí, lo que tienen”.

Abel Fernández, con el equipo, en un encuentro de Fútbol 7.Abel Fernández, con el equipo, en un encuentro de Fútbol 7.

El lunes, 12 de los inmigrantes del proyecto jugaban un amistoso contra los jugadores de la categoría cadete (sub 16) de la Federación de Fútbol de Ceuta. No fue sólo un partido (que acabó, por cierto, 3 a 2 a favor de los primeros), sino un encuentro en el que unos tuvieron “la posibilidad de contar” y los otros, de entender “que lo tienen todo a su disposición, que son unos privilegiados”, según explica el entrenador de los de Ceuta, Evangelos Krios. Los 12 inmigrantes (de Mali, como Djelo, de Camerún, de Guinea) explicaron cómo a los 9 o 10 años sus padres no los dejaban ya jugar, porque debían trabajar. Otro Djelo, Djelo Makarthy, les explicó lo que era jugar descalzo en un campo de piedras, con una bola de trapo como balón. “Debéis valorar lo que tenéis, ya que contáis con botas, buenas instalaciones, material…”, les dijo.

Los cadetes, dice Krios, salieron contentos de la experiencia. La idea original de Un deporte, dos horizontes es, en palabras de Fernández, alejar el tema de la inmigración de las connotaciones negativas que hoy tiene, del miedo. “El miedo se cura hablando”, dice. Los cadetes, y los inmigrantes, tuvieron el pasado lunes la oportunidad de hablar. A Djelo Keita, admirador de Iniesta, le llegó, además, otra: alguien se fijó en su destreza en aquel partido y el entrenador de los juveniles llamó a Fernández para intentar que juegue en la Liga Nacional Juvenil. No podrá competir, como el resto de jugadores del club, fuera de ‘casa’, fuera de Ceuta, porque no le está permitido salir de la ciudad. Pero sí ha dado un paso más que lo aleja de la pelota de trapo y lo acerca al cuero de Iniesta.

Publicado el 22 de marzo en El Confidencial.

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