{"id":11,"date":"2002-01-01T11:51:43","date_gmt":"2002-01-01T11:51:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.anagoni.com\/?p=11"},"modified":"2011-02-24T12:56:53","modified_gmt":"2011-02-24T12:56:53","slug":"el-cementerio-espacial","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.anagoni.com\/?p=11","title":{"rendered":"EL CEMENTERIO ESPACIAL"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><em>Sat\u00c3\u00a9lites  fuera de uso, herramientas, restos de pintura, reactores at\u00c3\u00b3micos&#8230;  Desde que, en 1957, parti\u00c3\u00b3 el primer sat\u00c3\u00a9lite artificial, el hombre no  ha dejado de abandonar sus desechos en el espacio. Tantos, que ya han  convertido las \u00c3\u00b3rbitas terrestres m\u00c3\u00a1s importantes en cementerios  plagados de &#8216;cad\u00c3\u00a1veres&#8217; met\u00c3\u00a1licos.<\/em><\/p>\n<p>Antes de nacer, la  Estaci\u00c3\u00b3n Espacial Internacional (ISS) estuvo a punto de morir. En 1999,  el sue\u00c3\u00b1o de la astron\u00c3\u00a1utica mundial, fruto de la colaboraci\u00c3\u00b3n entre 15  pa\u00c3\u00adses, entre ellos las m\u00c3\u00a1ximas potencias de la exploraci\u00c3\u00b3n espacial,  pudo perderse en el espacio. Durante m\u00c3\u00a1s de hora y media la nave vag\u00c3\u00b3  sin ning\u00c3\u00ban control, impasible a las \u00c3\u00b3rdenes que, desde la Tierra,  intentaban desviar los dos m\u00c3\u00b3dulos que entonces formaban la denominada  estaci\u00c3\u00b3n Alfa de la ruta de un antiguo cohete ruso abandonado en el  espacio cuya fuerza pudo hacerla desaparecer. Y con ella, los esfuerzos  de los cient\u00c3\u00adficos de EEUU, Rusia, China y Europa que participaban en el  proyecto.<br \/>\nFinalmente, y tras una semana de tensi\u00c3\u00b3n en la que rusos y  estadounidenses no dejaron de achacarse mutuamente la responsabilidad  del ataque, la ISS se salv\u00c3\u00b3. Fue casi un milagro. Aunque su ordenador no  acept\u00c3\u00b3 las \u00c3\u00b3rdenes que, lanzadas desde Mosc\u00c3\u00ba y Houston, intentaban  evitar la colisi\u00c3\u00b3n, la fortuna hizo que nada ocurriera: el cohete pas\u00c3\u00b3 a  unos siete kil\u00c3\u00b3metros, no a los 900 metros en que lo situaban  las primeras estimaciones. No corri\u00c3\u00b3 la misma suerte uno de los paneles  solares que alimentaban al Hubble, perforado en 1997 por un impacto, o  el franc\u00c3\u00a9s CERISE, que empez\u00c3\u00b3 a dar tumbos por el espacio tras topar con  un fragmento del Arianne. Tampoco el sat\u00c3\u00a9lite sovi\u00c3\u00a9tico Cosmos 1275,  que explot\u00c3\u00b3 en 1981. Aunque no se puede asegurar la causa de este \u00c3\u00baltimo  siniestro, los expertos tienen un sospechoso claro: la basura espacial.<\/p>\n<p>Un desguace en el espacio<br \/>\nDesde que, el 4 de septiembre de 1957, el Sputnik se convirti\u00c3\u00b3 en el  primer sat\u00c3\u00a9lite artificial, la humanidad no ha dejado de abandonar su  basura en la atm\u00c3\u00b3sfera terrestre. Salvo que se encuentre en \u00c3\u00b3rbitas muy  bajas, desde donde cae y se desintegra a su paso por la atm\u00c3\u00b3sfera, puede  permanecer all\u00c3\u00ad cientos, miles y hasta millones de a\u00c3\u00b1os. El firmamento,  mientras tanto, est\u00c3\u00a1 plagado de tuercas, tornillos, restos de pintura,  herramientas, fragmentos de cohetes y naves fuera de uso. Son tantos que  amenazan con hacer in\u00c3\u00batiles las \u00c3\u00b3rbitas terrestres m\u00c3\u00a1s transitadas por  los aparatos creados por el hombre: la LEO (Low Earth Orbit), a unos  2.000 km. sobre la superficie terrestre, y la GEO (Geostationary Earth  orbit), a unos 36.000 km. de altura. Se trata de un campo de desguace de  proporciones gigantescas: los cerca de 5.000 lanzamientos que se han  realizado desde aquella primera aventura espacial del hombre han dado  lugar a unos 8.300 objetos con di\u00c3\u00a1metros superiores a 10 cm que flotan  sobre nuestras cabezas. Son el sue\u00c3\u00b1o de cualquier chatarrero:  constituyen unas 4.500 toneladas de metal, a las que hay que sumar los  m\u00c3\u00a1s de 100.000 fragmentos con un di\u00c3\u00a1metro de entre 1 y 10 cm y los  billones de part\u00c3\u00adculas a\u00c3\u00ban menores que pueblan la \u00c3\u00b3rbita terrestre.  Estas cifras muestran el peso de un problema que, aunque todav\u00c3\u00ada no es  cr\u00c3\u00adtico, puede llegar a serlo pronto. El ser humano est\u00c3\u00a1 colocando con  su carrera espacial los barrotes de una f\u00c3\u00a9rrea c\u00c3\u00a1rcel planetaria de la  que tal vez un d\u00c3\u00ada no pueda escapar.<br \/>\nS\u00c3\u00b3lo un 6% de los objetos que circulan alrededor de la Tierra son  \u00c3\u00batiles. El resto lo constituyen desechos abandonados: sat\u00c3\u00a9lites fuera de  servicio, cad\u00c3\u00a1veres met\u00c3\u00a1licos que dan vueltas sobre la Tierra (una  quinta parte); fases de naves que quedaron abandonados por la puesta en  \u00c3\u00b3rbita de un sat\u00c3\u00a9lite, como partes de los cohetes lanzadores (una sexta  parte); piezas de maquinaria utilizadas en las operaciones (12%);  fragmentos procedentes de la explosi\u00c3\u00b3n de aparatos (de la que s\u00c3\u00b3lo un  30% es voluntaria), que representan un 40%, y, por \u00c3\u00baltimo, los detritus  de las colisiones incontroladas con estos fragmentos. Todos ellos se  interponen en el camino de las naves que exploran y explorar\u00c3\u00a1n en el  futuro el firmamento, algo m\u00c3\u00a1s que preocupante en una \u00c3\u00a9poca en la que ya  se habla de popularizar el turismo espacial y construir colonias  planetarias, y tambi\u00c3\u00a9n obstaculizan el tr\u00c3\u00a1nsito por las regiones de  altitud m\u00c3\u00a1s \u00c3\u00batiles en la actualidad, la LEO y en GEO . La densidad  m\u00c3\u00a1xima en ambas es comparable, aunque el flujo de cad\u00c3\u00a1veres en LEO es  mayor por el menor volumen de esta \u00c3\u00b3rbita y por la mayor velocidad que  alcanzan los objetos en ella.<br \/>\nNinguna est\u00c3\u00a1 todav\u00c3\u00ada saturada, pero el riesgo de choque es ya  considerable. Los objetos en LEO tienen, como promedio, una velocidad de  10 km\/s, lo que los transforma en verdaderos proyectiles. Basta pensar  que una bala de fusil viaja a una velocidad de tan s\u00c3\u00b3lo 0,8 km\/s. Un  objeto peque\u00c3\u00b1o, de 80 gramos de peso, tendr\u00c3\u00ada una energ\u00c3\u00ada de  impacto equivalente a una explosi\u00c3\u00b3n de un kilogramo de TNT, suficiente  para destruir un sat\u00c3\u00a9lite de 500 kilos. Y una part\u00c3\u00adcula de un  mil\u00c3\u00admetro puede perforar el traje de un astronauta. Como comenta Manuel  Bautista Aranda en su libro <em>En las puertas del cielo<\/em>: &#8220;Cualquier  sat\u00c3\u00a9lite que se lance tiene que circular en un espacio en el que se ha  sembrado el equivalente a 100.000 minas antipersonales&#8221;.<\/p>\n<p>Atenci\u00c3\u00b3n: tr\u00c3\u00a1fico denso<br \/>\nPor si fuera poco, la basura crece de forma exponencial. Los expertos  alertan del peligro del efecto cascada: el choque o la explosi\u00c3\u00b3n de un  sat\u00c3\u00a9lite provoca la liberaci\u00c3\u00b3n de cientos de fragmentos, que a su vez  chocan dando lugar a m\u00c3\u00a1s basura y a m\u00c3\u00a1s proyectiles que crear\u00c3\u00a1n,  sucesivamente, m\u00c3\u00a1s basura. La alerta ser\u00c3\u00a1 m\u00c3\u00a1xima cuando el n\u00c3\u00bamero de las  explosiones supere al de reentradas dentro de la atm\u00c3\u00b3sfera. De no  disminuir el ritmo de crecimiento de objetos, esta cascada de detritus  se generalizar\u00c3\u00a1 en LEO en 10 \u00c3\u00b3 15 a\u00c3\u00b1os.<br \/>\nEn la actualidad, los inconvenientes de la contaminaci\u00c3\u00b3n espacial son ya  reales. Obligan a proteger a los sat\u00c3\u00a9lites con pantallas, lo que  aumenta su peso y su coste, y, por si fuera poco, s\u00c3\u00b3lo son v\u00c3\u00a1lidas para  los desechos menores de un cent\u00c3\u00admetro. Con los que superan este tama\u00c3\u00b1o,  s\u00c3\u00b3lo hay una estrategia posible: huir mediante maniobras de evasi\u00c3\u00b3n.  Esto requiere dotarlos de un sistema propio de propulsi\u00c3\u00b3n que les  permita eludir el choque, algo que poseen todas las naves tripuladas,  pero no siempre el resto. El primer trasnsbordador espacial que tuvo que  realizar uno de estos cambios de trayectoria fue el Discovery, en 1991.  No ha sido el \u00c3\u00banico.<br \/>\nEl mayor riesgo proviene de los objetos de 1 a 10 cm, ya que se conocen  bien las \u00c3\u00b3rbitas de los objetos m\u00c3\u00a1s grandes, y las de los peque\u00c3\u00b1os se  pueden minimizar con pantallas y otros medios de protecci\u00c3\u00b3n. Pero,  adem\u00c3\u00a1s, existe un peligro a\u00c3\u00b1adido: la ca\u00c3\u00adda incontrolada de estos  monstruos a la Tierra, ya que el hecho de que se desintegren en la  atm\u00c3\u00b3sfera depende de muchas variables (materiales, tama\u00c3\u00b1o&#8230;). Al llegar  a tierra, la contaminaci\u00c3\u00b3n espacial puede envenenar tambi\u00c3\u00a9n el planeta,  de forma qu\u00c3\u00admica o radiol\u00c3\u00b3gica. Se calcula que 62 fragmentos han  llegado a la corteza terrestre desde 1958. Sucedi\u00c3\u00b3, por ejemplo, con los  restos de la estaci\u00c3\u00b3n sovi\u00c3\u00a9tica Saliut 7, que cayeron en Argentina en  1991. Es a\u00c3\u00ban m\u00c3\u00a1s peligroso cuando transportan material radioactivo:  existen 1.300 kg. en \u00c3\u00b3rbita, y aunque ya no se env\u00c3\u00adan reactores de este  tipo, el peligro de ca\u00c3\u00adda contin\u00c3\u00baa. Ocurri\u00c3\u00b3 en 1978, con el sat\u00c3\u00a9lite  Kosmos 954, que se estrell\u00c3\u00b3 en Canad\u00c3\u00a1. Conten\u00c3\u00ada 30 kg de uranio  enriquecido.<br \/>\nLa basura es uno de los problemas m\u00c3\u00a1s graves a los que se enfrenta la  Estaci\u00c3\u00b3n Espacial Internacional. Los ingenieros han tenido que devanarse  los sesos para proteger una estructura que por su tama\u00c3\u00b1o \u00e2\u20ac\u201d108 por 74  metros\u00e2\u20ac\u201d y su tiempo de estancia en el espacio \u00e2\u20ac\u201dm\u00c3\u00a1s de una d\u00c3\u00a9cada\u00e2\u20ac\u201d  chocar\u00c3\u00a1 a buen seguro con miles de part\u00c3\u00adculas. Por eso, las diferentes  agencias espaciales est\u00c3\u00a1n intentando buscar soluciones. El primer  sistema de limpieza de la basura espacial es la propia atm\u00c3\u00b3sfera, aunque  no es eficaz en alturas mayores a los 1.000 km, en las que su densidad  es muy reducida.<\/p>\n<p>Mejor prevenir&#8230;\u00c2\u00a0 que limpiar<br \/>\nLimpiar la basura del espacio es bastante m\u00c3\u00a1s complicado que hacerlo en  casa. Ha habido algunas propuestas, pero parecen irrealizables, sobre  todo por sus costes. El proyecto alem\u00c3\u00a1n Teresa, por ejemplo, pretend\u00c3\u00ada  recoger los objetos grandes mediante un veh\u00c3\u00adculo espacial \u00e2\u20ac\u201duna especie  de cami\u00c3\u00b3n de la basura\u00e2\u20ac\u201d que se enlazar\u00c3\u00ada con un cable a cada  trozo de chatarra. Su objetivo ser\u00c3\u00ada colocarlo en una \u00c3\u00b3rbita baja para  que se destruyera al entrar en la atm\u00c3\u00b3sfera, mientras Teresa ascender\u00c3\u00ada  en busca de otro resto. El proyecto Ori\u00c3\u00b3n de la NASA fue otra de las  soluciones esbozadas: un l\u00c3\u00a1ser de alta intensidad, instalado en la  superficie terrestre, &#8216;limpiar\u00c3\u00ada&#8217; las \u00c3\u00b3rbitas. El l\u00c3\u00a1ser deber\u00c3\u00ada incidir  en los objetos en \u00c3\u00b3rbita produciendo un peque\u00c3\u00b1o cambio en su velocidad,  como si se les acoplase un peque\u00c3\u00b1o motor, hasta hacerlos entrar en la  atm\u00c3\u00b3sfera terrestre. Ambas propuestas son caras, complejas y de  discutible viabilidad t\u00c3\u00a9cnica, por lo que, por ahora, las iniciativas se  concentran \u00c3\u00banicamente en la observaci\u00c3\u00b3n y control de los desechos ya  existentes y la no proliferaci\u00c3\u00b3n de m\u00c3\u00a1s residuos. En este sentido se  pronunci\u00c3\u00b3 el informe t\u00c3\u00a9cnico que, en 1999, elabor\u00c3\u00b3 el Subcomit\u00c3\u00a9 T\u00c3\u00a9cnico  de la ONU para el Uso Pac\u00c3\u00adfico del Espacio Exterior, que reclam\u00c3\u00b3, sobre  todo \u00c2\u00abuna mayor atenci\u00c3\u00b3n por parte de los estados miembros al problema  de colisi\u00c3\u00b3n de objetos espaciales\u00c2\u00bb, y dict\u00c3\u00b3 una serie de recomendaciones  como evitar la basura generada por las operaciones normales, como la de  que se minimice el riesgo de explosiones accidentales (mediante el  vaciado de los dep\u00c3\u00b3sitos de combustible) y se eviten las voluntarias, o  el de que se mitiguen las p\u00c3\u00a9rdidas de objetos. La relevancia del  problema ha motivado tambi\u00c3\u00a9n la creaci\u00c3\u00b3n de una asociaci\u00c3\u00b3n de agencias  nacionales, la IADC (Space Debris Coordination Comitee), que aglutina a  la ESA europea, la RSA rusa, el British National Space Centre, la NASA,  el CNES franc\u00c3\u00a9s y las agencias japonesa, India y China.<br \/>\nLa observaci\u00c3\u00b3n, a la que desde hace un a\u00c3\u00b1o se ha sumado el Instituto  Astrof\u00c3\u00adsico de Canarias, se lleva a cabo por dos medios b\u00c3\u00a1sicos: los  radares, \u00c3\u00batiles en LEO, y medios \u00c3\u00b3pticos, v\u00c3\u00a1lidos para GEO, entre los  que se encuentra la OGS (Optical Ground Station) del Observatorio del  Teide en el Instituto Astrof\u00c3\u00adsico de Canarias. La excepcional limpieza  del cielo de las islas y la tecnolog\u00c3\u00ada empleada en la OGS han permitido  ya catalogar parte de la basura presente en GEO, y abordar\u00c3\u00a1n ahora la  que pueblan GTO (\u00c3\u00b3rbita de transferencia). Pero a\u00c3\u00ban quedan muchos restos  que escapan a los sistemas de vigilancia terrestre. Para conocer sus  dimensiones, se ha llegado incluso a enviar naves con la \u00c3\u00banica misi\u00c3\u00b3n de  chocar contra la basura, para luego recuperarlas y analizadas en  Tierra. Es el caso de la LDEF (Instalaci\u00c3\u00b3n Expuesta de Larga Duraci\u00c3\u00b3n),  de la NASA, que permaneci\u00c3\u00b3 en el espacio desde 1984 a 1990. El posterior  an\u00c3\u00a1lisis qu\u00c3\u00admico de su superficie, plagada, por supuesto, de cr\u00c3\u00a1teres,  permite determinar si el atacante ha sido un meteorito o un resto de  basura, aunque no siempre. La alta velocidad del choque y la  vaporizaci\u00c3\u00b3n de las part\u00c3\u00adculas implicadas dificultan el estudio del  origen.<br \/>\nS\u00c3\u00b3lo el conocimiento pormenorizado y actualizado de la basura permitir\u00c3\u00a1  evitar futuros contratiempos, y s\u00c3\u00b3lo si las misiones espaciales  presentes y futuras dejan de contaminar el firmamento, se podr\u00c3\u00a1 evitar  algo que el cient\u00c3\u00adfico y escritor Arthur C. Clark predijo hace tiempo:  un mundo rodeado enteramente por peque\u00c3\u00b1as naves flotando a su alrededor.  La soluci\u00c3\u00b3n, a falta de basureros espaciales, pasa por distanciar las  naves muertas de las \u00c3\u00b3rbitas m\u00c3\u00a1s pobladas, o bien provocando su ca\u00c3\u00adda  controlada, en el caso de las que se encuentren en \u00c3\u00b3rbitas bajas, o bien  reservando algo de combustible para que, antes de morir  definitivamente, los objetos situados a mayor altura suban hasta \u00c3\u00b3rbitas  in\u00c3\u00batiles, las llamadas \u00c3\u00b3rbitas cementerio.<\/p>\n<p><strong>Publicado en CIENCIADIGITAL.ES, en 2002<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sat\u00c3\u00a9lites fuera de uso, herramientas, restos de pintura, reactores at\u00c3\u00b3micos&#8230; Desde que, en 1957, parti\u00c3\u00b3 el primer sat\u00c3\u00a9lite artificial, el hombre no ha dejado de abandonar sus desechos en el espacio. Tantos, que ya han convertido las \u00c3\u00b3rbitas terrestres m\u00c3\u00a1s importantes en cementerios plagados de &#8216;cad\u00c3\u00a1veres&#8217; met\u00c3\u00a1licos. 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